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viernes, 20 de septiembre de 2019

Alemania: los «refugiados» sirios se van de vacaciones… ¡a Siria!

viernes, septiembre 20, 2019 0
Alemania: los «refugiados» sirios se van de vacaciones… ¡a Siria!

Alemania se gasta 70mil euros al año por cada uno de los refugiados que recibe. Los refugiados no trabajan, viven de lo que el estado les da. Dinero público que sale del bolsillo de todos los alemanes. Luego, los refugiados, que son refugiados porque se supone que son perseguidos en sus países, SE VAN DE VACACIONES A SUS PROPIOS PAÍSES con el dinero que el estado les ha regalado.

Recordemos que Alemania ha acogido desde 2011 cerca de 780 000 sirios que habrían huido a la vez del régimen de Bachar el-Assad y de los islamistas del ISIS. Que algunos de ellos puedan volver de vacaciones a su país de origen prueba, sin duda, que la situación ya no es para ellos tan peligrosa y empuja a preguntarse sobre las verdaderas razones que les empujaron a solicitar el estatus de refugiado.

Hay que tener en cuenta que esas vacaciones se pagan con el dinero de las ayudas percibidas en Alemania. Se comprende entonces que el ministro del Interior quiera tranquilizar a la población sobre el uso del dinero público. Aunque, en la actualidad, solo se queda en el peldaño de la amenaza. En Francia, ¿habría refugiados que, percibiendo ayudas sociales, estarían viajando también a Siria en concepto de vacaciones? El ministro del Interior, si quiere parecer serio, debería investigar rápidamente este punto.

“Si un refugiado sirio pasa regularmente sus vacaciones en Siria, no puede afirmar que sufre persecución en ese país. Debemos anular su estatus de refugiado”, ha dicho Horst Seehofer a la prensa. Con mucha razón, aunque tenga un interés político. Ha explicado que la oficina alemana para la inmigración estaría siguiendo de cerca los desplazamientos de esas personas que disponen del estatus de refugiado. Pero cabe esperar que estas almas protesten contra esta discriminación.

Este asunto revela, si lo dudábamos todavía, hasta qué punto la cuestión de la inmigración en Alemania es un problema económico antes de ser un problema humano. La generosidad en el pasado de Angela Merkel se explica sobre todo por el déficit demográfico y por la necesidad de recurrir a una mano de obra extranjera, muy barata a ser posible. La concesión del derecho de asilo es legítima cuando se está realmente perseguido, pero hacer pasar consideraciones económicas como si fueran actos de solidaridad es una gran hipocresía.

Acabamos de saber también que una de las últimas decisiones del gobierno de Theresa May fue quitar su nacionalidad a un yihadista británico-canadiense, un joven de 24 años, detenido en Siria. La razón fue que era “un medio para parar la amenaza terrorista que plantean individuos muy peligrosos y mantener la seguridad en el país”, indicó el portavoz del gobierno británico, mientras que Canadá expresó que estaba “decepcionado de que el Reino Unido hubiera tomado esta medida de forma unilateral para descargarse de sus responsabilidades”. En ese caso también la decisión no estaba exenta de segundas intenciones pero, por lo menos, tenía el mérito de haberse llevado a cabo.

¿Quién sabe si el gobierno francés no se ofuscará con estos ataques a los derechos humanos? En este ámbito como en otros, incapaz de tomar decisiones claras, navega entre dos aguas corriendo el riesgo de, para no enfadar a nadie, acabar enfadando a todo el mundo.

Articulo de : Philippe Kerlouan

Traducción: Esther Herrera Alzu

Fuente: elmanifiesto.com

jueves, 19 de septiembre de 2019

Agustín Laje responde a las mentiras de Elaine Féliz

jueves, septiembre 19, 2019 0
Agustín Laje responde a las mentiras de Elaine Féliz

Elaine Féliz es la feminista más polémica de República Dominicana. Cuando Agustín Laje visitó recientemente ese país, un canal de TV quiso organizar un debate entre ellos, pero Elaine rechazó la propuesta, y seguidamente bloqueó a Laje de todas las redes sociales, sin que éste hubiera jamás tenido comunicación alguna con ella.

Elaine Féliz ha confundido a mucha gente con un video que se hizo viral, donde defiende habilidosamente la ideología de género, llamándola "política de género".

Dado que no quiso debatir en este de video de #LosIgnorantes Agustín Laje desmonta una a una todas sus mentiras.

Lo que nadie dice: así de miserable era Chile bajo el gobierno de Allende por Vanesa Vallejo

jueves, septiembre 19, 2019 0
Lo que nadie dice: así de miserable era Chile bajo el gobierno de Allende por Vanesa Vallejo

Mujeres tirándole maíz a los soldados mientras les gritan que son unos cobardes por no sacar a Allende del poder. Esta es solo una de las cosas que ocurrían en Chile en 1973, y que la izquierda intenta borrar de los anales de la historia.

La izquierda es increíblemente buena cambiando la realidad. Son muy astutos despertando sentimientos y convenciendo a la gente de que tienen la verdad. La estrategia que han manejado en Chile, respecto a lo sucedido con Salvador Allende y Augusto Pinochet, empieza por hacer que el mundo entero se olvide de la miseria en la que estaban sumidos los chilenos antes de que Pinochet tomara el poder.

El General era un dictador terrorífico y Allende un martir, ese es el relato simplista y mentiroso que han creado. Como si Pinochet un día, de la nada, hubiera decidido instaurar una dictadura y quedarse con el poder simplemente porque así se le antojó.

La izquierda oculta las marchas que hacían las madres porque no tenían comida para darle a sus hijos, no hablan ni de las largas filas que hacían los chilenos para conseguir alimentos básicos, ni de la inflación, ni de la escasez. No quieren que nadie sepa que la Cámara de Diputados declaró inconstitucional el gobierno de Allende.

Se llenan la boca diciendo que lo de Allende era un Gobierno del pueblo y para el pueblo, cuando en realidad fue un gobierno minoritario -que llegó al poder por suerte- y al que la mayoría de chilenos odiaba. ¿Y cómo no?, si para 1973 la mitad de la población estaba sumida en la pobreza.

El panorama de Chile para la época antes de que Pinochet tomara el poder era muy similar a la Venezuela de hoy. Increíblemente, la izquierda ha logrado que la gente olvide todo esto y vea a Allende como un romántico idealista.

Allende no representaba a la mayoría de los chilenos y generaba grandes miedos

En 1970 Allende es candidato presidencial por la Unidad Popular (UP), una alianza de partidos de izquierda formada en octubre de 1969. La coalición estaba constituida por el Partido Socialista, Partido Comunista, Partido Radical, el Movimiento de Acción Unitaria (MAPU), el Partido Social Demócrata (PSD) y la Acción Popular Independiente (API).

Antes de eso ya había sido candidato presidencial en tres ocasiones en las que no obtuvo el triunfo. Para 1970 Salvador Allende compite con Jorge Alessandri, candidato de la derecha y de los empresarios apoyado por el Partido Nacional y la Democracia Radical, y con Radomiro Tomic, apoyado por la Democracia Cristiana.

Los resultados de las elecciones fueron los siguientes:

Salvador Allende: 1.070.334 votos (36,2%)

Jorge Alessandri: 1.031.159 votos (34,9%)

Radomiro Tomic: 821.801 votos (27,8%)

Como ningún candidato consiguió mayoría, de hecho, la diferencia entre Allende y el candidato de la derecha fue mínima, apenas de 39 000 votos, le tocó al Congreso decidir.

Para convertirse en presidente se necesitaba el voto de 101 congresistas, Allende lo consiguió gracias al apoyo de la democracia cristiana, que se decidió a ponerlo como presidente después de que el izquierdista firmara el Estatuto de Garantías Constitucionales en el que se comprometía a garantizar el respeto de las libertades civiles, las elecciones, la libertad de expresión y en general la Constitución.

Que le hicieran firmar un documento público en el que se comprometiera a respetar la Constitución muestra la desconfianza que existía. Desde antes de que empezara a gobernar, muchos, incluso quienes lo apoyaron, lo veían potencialmente peligroso.

Allende no era, como afirma la izquierda, el «Gobierno del pueblo», tenía un apoyo muy minoritario y siempre fue considerado por muchos como un sujeto peligroso.

Fuente: panampost.com

lunes, 16 de septiembre de 2019

El Neocomunismo gramsciano ¡Es un monstruo grande y pisa fuerte! Por Juan Etchebarne Gainza

lunes, septiembre 16, 2019 0
El Neocomunismo gramsciano ¡Es un monstruo grande y pisa fuerte! Por Juan Etchebarne Gainza

A partir de la caída del muro de Berlín en el ‘89 y de la Cortina de Hierro de la URSS en el ‘91, luego de 74 años de totalitarismo moscovita, muchos respiraron una bocanada de aire fresco o se embebieron de triunfalismo y bajaron la guardia con suma ingenuidad.

Pero el astuto y sagaz ejército de cientos de miles de intelectuales de la “intelligentsia soviética”, con miembros en absolutamente todos los países de Occidente, “capitalizó” -permítanme la ironía del concepto- esa garrafal derrota transformándola  en una victoria troyana colosal.

Desde 1934, Lenin y Antonio Gramsci, se habían percatado que a un comité comunista ortodoxo y aglutinado en “el mundo libre” no los votaba nadie (sigue pasando hoy). Entonces pergeñaron el “entrismo” infiltrándose en todos los partidos políticos para ocupar cupos y puestos estratégicos en el Estado, en las organizaciones religiosas de todo credo, en las asociaciones civiles, en mítines sindicales, clubes, sociedades de socorros mutuos, organismos supranacionales, en los claustros universitarios, en las academias de ciencia o pensamiento y de la lengua, en círculos culturales, en juntas escolares, centros de difusión de radio y televisivos, industria del cine y pornografía, en las editoriales de los diarios hasta los cómics, movimientos artísticos, bandas de rock de música contestataria o de protesta, cooptaron las ciencias sociales: filosofía, sociología, letras y psicología, en las Fuerzas Armadas y de Seguridad, organismos financieros y bancarios, hasta infiltrarse dentro de las instituciones propias a nuestra causa conservadora iusnaturalista inclusive. Los rojos se han metido en todos lados funcionando como una “sociedad paralela mancomunada”.

Cuando cae su régimen bolchevique en los noventa, la intelectualidad de izquierda camaleónica, expeditiva, flexible, dinámica y formidablemente inteligente…mutó.

Así ésta intercambió su postulado clásico y fracasado de  “odio de clases”, “lucha obrero- patrón” y “dictadura del proletariado” por dinamitar la célula fundamental de la sociedad que impedía la masificación y cosificasión del individuo o persona: LA SAGRADA FAMILIA. Sólo que ahora, ayudados por miles de millones de ciudadanos soviéticos ateos sin valores morales, totalmente materialistas e inmanentistas, “infectados” de décadas de férreo adoctrinamiento ideológico marxista, que fueron el “caballo de Troya” que se esparció como el ébola contagiando a carradas de infaustos por Europa, EE.UU., Canadá, Australia y Sudamérica: “Los errores de Rusia (comunismo) se desparraman por todo el mundo” predijo la Vírgen de Fátima a Sor Lucía.

De esta manera fabricaron una “reingeniería social” que irrumpió con la naturalización del divorcio y atomización de la sociedad al plantear neopostulados gramscianos de “lucha hombre – mujer”, “lucha padres – hijos”, “lucha ancianos – jóvenes”, “pro vida – pro aborto”, “ideología e igualdad de género”, “derribar el patriarcado”, “empoderamiento de los marginales” (prostitutas vip, travestis, drogadictos, piqueteros, delincuentes, etc.) y “empoderamiento de los débiles” (niños, esposas, nerds o nabos víctimas de bullying, proletarios, excluidos, animales domesticados o de producción, etc.). Excepto los ancianos quienes son depositarios de la “reserva moral” y del “know how” de las tradiciones, y, para que no “contaminen” a la juventud con sus nobles valores de antaño, son deportados a los campos de concentración modernos o “geriátricos”. En su estratagema renovada apoyan a toda minoría en desventaja social, laboral o productiva para lograr visibilidad y alcanzar el poder.

Cómo también pergeñaron la “horizontalización de la jerarquía moral y social” imponiendo el “igualitarismo comunitario”, que iguala hacia abajo rumbo a lo popular o precario, fomentaron el aluvión inmigratorio de “multiculturalismo” o “multiétnico” para erradicar los patriotismos e identidades autóctonas contribuyendo a la “homogenezaición mundial”. Y su mayor logro es que arribaron e hicieron propia la “Teoría del Caos” o “Caología” construyendo la “Era de lo incierto”, la cual suprime las certezas científicas evidentes impidiendo el acceso a los juicios de valor y a las verdades objetivas, para así relativizar el concepto de justicia universal y negar la realidad ontológicamente natural.

A tal fin se apoderaron del monumental “mainstream” de internet global y de la “mass media” informativa con una horda de periodistas, publicistas, youtubers, bloggers y artistas de toda índole “gramscianizados” (en MTV Channel sobretodo “quien reza cantando predica dos veces” por vía visual y auditiva) bombardeando las mentes impávidas de adolescentes y madres inculcándoles conductas sociológicamente “disvaliosas” y/o “desviadas”. Conductas las cuales son inducidas (pese a hacerle creer a la masa que son espontáneas o evolutivas), que minan y socavan el orden natural y el orden social preestablecido durante siglos de consenso evolutivo, base de la civilización judeocristiana y grecorromana occidental.

En esta época todo pasó a ser materia de infiltración progrezurda: el mundo “fashion” de la moda se socavó para pervertir la clásica proporción estética denostada como “burguesa” o “patriarcal” (Dominique Venner sostuvo “la ética en el terreno de la estética: lo bueno es inseparable de lo bello” y los zurdos la hicieron grotesca y degenerada para corromper el alma), también el narcotráfico como factor clave de derrumbe, naciendo así los “narcoestados socialistas”. Con excepcional argucia supieron captar todas las quejas, extravagancias y marginalidades poniéndolas a su favor en los grupos de protesta (LGTB, feminazis, ambientalistas “sandía”: “verdes por fuera y rojos por dentro”, veganos, indigenistas, proteccionistas de animales y antiglobalistas) o grupos de contracultura setentista (hippies, grunge, flower-power, hipsters, funk, rastafaris, motoqueros agrupados tipo “Hell’s Angels”) o grupos de cultura alternativa (deportistas extremos, yoguis, tántricos, prácticas New Age) o grupos de subcultura underground (tribus urbanas -dark, punk, emos, floggers, trekkies, warsies, animé-, cumbia villera, raperos, reaggetoneros, malabaristas callejeros, movimiento tumbero “vatallón militante”) o grupos de relativismo posmoderno (nerds o geeks freakies, millennials y centennials). Siendo muchos de ellos aborrecidos por el marxismo ortodoxo por “indeseables”, ahora con el gramscismo pasaron a ser aliados circunstanciales por conveniencia hasta que el “neobolchevismo” retome el gobierno omnipotente y los mande a Siberia en masa a estos “idiotas útiles” (denominación leninista).

Crearon además un sinfín de ONGs (Human Rights Watch, Amnesty International, Green Peace, etc.), organismos supranacionales (Unesco, Ocde, Cepal, etc.) y fábricas de pensamiento (Escuela de Frankfurt, Franja Morada, Coordinadora Radical, Foro de São Paulo, Carta Abierta, Fundación Ford, Flacso, Cels, Justicia Legítima, etc.). Donde la socialdemocracia europea, el partido demócrata norteamericano, el libertarismo o anarcocapitalismo, la masonería de Soros y Rothschild, y la Jihad Islámica son sus socios de aparcería, pues, en el variopinto “mercado revolucionario cultural” hay una horma a medida para cada sentimiento de rebelión antisistema.

Para lograr todo esto, su foco pasó a ser generacional y empezaron a “pensar en siglos” como la Iglesia y por ello pusieron su atención y toda su energía sobre los inocentes niños. Gramsci sentenciaba “a los niños hay que cambiarles la moral paternal por nuestra moral artificialmente impuesta”. Pues la inmadurez de la conciencia infantil para discernir entre el bien y el mal, hace que la influencia nociva sea más permeable a concebir lo anormal o antinatural como “normal” o “natural”. Entonces la “revolución” marxista por las armas es efímera, en cambio la “evolución” gramsciana por la educación es permanente. Y aquel intelectual rojo de Turín remataba “nuestros enemigos son la moral Cristiana de la Iglesia  Católica, la lógica aristotélica del hombre rural y el sentido común del ciudadano burgués”. Es por lo cual los gramscianos subvierten la escala de valores e intercambian la cosmovisión del individuo aprovechándose de la inherente rebeldía de los jóvenes adolescentes.

Antonio Gramsci era tan pero tan peligroso que el propio Stalin dormía tranquilo sabiendo que éste “tovarich” (camarada) estaba preso por Mussolini en Italia y no a su lado en la Unión Soviética, porque su dialéctica era totalmente disolvente de las estructuras sociales. Gracias a él existe demasiada gente con la cabeza quemada de gramscismo sin siquiera notarlo.

A partir de ello crearon la “supremacía moral” del dogmático “pensamiento único de corrección política” que promueve la “diversidad cultural” por múltiples dispositivos electrónicos y medios de interfaz que obedecen a las 24 hs del constante “mainstream”. Generándonos subliminalmente sentimiento de culpabilidad y cargos de conciencia, pues, pretenden suplantar la voz de Dios por la de Gramsci en los subconscientes. Si bien utilizan el concepto “diverso” aquél no es tal, pues, es todo menos universal o plural. Erigiendo así una “hegemonía cultural progresista”.

Con esta nueva herramienta, todo lo que se configura como “open mind” o “amplio” y cuyo sustento es un puro y duro relativismo filosófico. Pasa a imponerse como lo “socialmente aceptado” y cuanta creencia, costumbre, tradición o razonamiento que lo cuestione es inmediatamente estigmatizado como “pensamiento de odio” o “intolerante”, retrógrado, fachista, cerrado, incorrecto, elitista, vetusto, sexista, discriminatorio y aquel es tanto políticamente censurable como “cercado” mediáticamente sin trascender. Nada más hipócrita y contradictorio a ser verdaderamente “diverso”, aplicando una auténtica intolerancia a la inversa comparable a un “macartismo de izquierda”: “todo es diverso en tanto y en cuanto no contradiga la perspectiva “diversa”. Y, así, conduciéndonos a un totalitario “absolutismo relativista” ¡que da escozor! Por ello hoy reina la “dictadura de la diversidad”.

Ya lograron “normalizar” la homosexualidad, las familias disfuncionales o antinaturales, el concubinato, el gaymonio, el travestismo, el “sexo fluido”, los 105 géneros de orientación sexual y judicializaron la “compensación por matrimonio” desalentando la formación de familias por temor económico. También suprimieron la patria potestad en el nuevo Código Civil, tergiversaron o “deconstruyeron” los contenidos y conceptos en los diccionarios, enciclopedias y manuales de historia, economía y biología. Asimismo consiguieron desintegrar los pilares del “sentido de misión”, la “conciencia de clase” y el “espíritu de cuerpo” de las nuevas generaciones de las aristocracias dirigentes, mediatizándolas -rompiendo la brecha de distinción- dentro de la masa amorfa para que claudiquen de su función vital de ser custodios de la tradición y los valores occidentales. Y desde 1979 lograron internalizar en los cerebros su triunfal “mantra contestatario” de “The Wall” (Roger Waters es un confeso comunista) a cuatro generaciones con su estribillo: “No necesitamos educación (ignorancia), no necesitamos control de pensamientos (moral), no más sarcasmos oscuros dentro del aula (lecciones de reglas de convivencia), maestros déjenlos a los chicos solos (libertinaje) ¡Ey! Maestro dejá a los chicos solos (autoritarismo invertido)”. Esta letra, presentada de esta manera, se configura como todo un “himno oligofrénico de cavernicolanización juvenil para manipulación masiva y desintegración cívica”.

Lo próximo es la pedofilia, el incesto, la zoofilia, la poligamia multigenérica y el sexo como “posporno” e impulso bestial a todo momento y lugar, el aborto, la liberalización de la droga, la extinción de la producción pecuaria y de la tradición gauchesca (como plan de exterminio del hombre rural y el “ser criollo”), asimismo, tanto la fundación de la “República Mapuche” como la restauración del Tahuantinsuyo, la reinstauración del Califato de Granada e islamización total de Occidente y así sucesivamente hasta arrasar con nuestras soberanías, idiosincrasias, libertades individuales y derechos intangibles ¡Así de delirante y terrorífica está la zurda progresista!

Es por esto que sostenemos que si bien en los planos militar y político el rancio, fétido y burócrata imperialismo soviético fue vencido, en el plano cultural y filosófico por el momento viene triunfando a galope tendido. Como pregona y vaticina León Gieco, el Mainstream o “corriente tendenciosa dominante”: “es un monstruo grande y pisa fuerte” y si no queremos ser conquistados, no solo moralmente sino jurídicamente, a través de sentar precedentes judiciales y reformar nuestras cartas constitucionales, debemos formar sí o sí a nuestros hijos como intelectuales conservadores y cristianos o judíos según sus creencias familiares.

El ojo gramsciano tal si fuera el maligno “ojo de Sauron” todo lo monitorea, sus acólitos o elementos nos estudian e investigan los 365 días del año, buscan nuestras flaquezas queriendo demoler nuestro estilo y filosofía de vida, arremetiendo sin piedad. Debemos tomar plena conciencia de que en esta contienda somos observados y analizados integralmente (valiéndose de la cibernética que tiene todos nuestros datos privados a merced) desde una óptica financiera, genealógica, psicológica y sociológica como pronosticaron Orwell y Bradbury. Estamos obligados y exigidos a ser agudos observadores de la realidad circundante (currículas de los tres ciclos estudiantiles y programación comunicacional o de entretenimiento) para adelantarnos a la próxima jugada de “depravación” o “mutación” o “captación” que nos presentará el progresismo socialdemócrata multipartidista neocomunista. Los intelectuales de Gramsci hicieron y hacen muy bien su trabajo.

La crueldad del marxismo sea en sus variantes leninista, stalinista, troskysta o maoísta, que cometió los genocidios y horrores del Holomodor en Ucrania y no dejó población viva mayor de 30 años en Camboya, momentáneamente ha cesado. Pero en su matriz gramsciana, que reniega de la violencia, sus balas y municiones continúan hoy con mayor sofisticación y virulencia…éstos son la lectura y las usinas de pensamiento para la conquista de mentes y voluntades. Así la batalla cultural se está librando en el plano metafísico e intelectual. Nuestra supervivencia como civilización occidental en todo orden se encuentra en jaque, debemos ganarla cueste lo que cueste!!! Estamos solos porque nuestras instituciones ya están tomadas, por eso es imperativo organizarse profesional e internacionalmente como los “bolches” lo vienen haciendo desde la 1er. “Internacional Socialista” en 1864, nos llevan años luz!!! Lean, lean y lean…a por ellos!!!!!

Fuente :  prensarepublicana.com

Lo que dicen las melenas por Pier Paolo Pasolini

lunes, septiembre 16, 2019 0
Lo que dicen las melenas por Pier Paolo Pasolini


La primera vez que vi melenudos fue en Praga. En el vestíbulo del hotel en donde me alojaba entraron dos jóvenes extranjeros con melenas que les llegaban hasta los hombros. Atravesaron el vestíbulo, llegaron hasta un rincón algo apartado y se sentaron junto a una mesa. Permanecieron allí durante una media hora, observados por los clientes, entre los que estaba yo; luego se marcharon. Ni mientras pasaron a través de la gente aglomerada en el vestíbulo, ni mientras estuvieron sentados en su rincón apartado, ninguno de los dos pronunció palabra (quizá -no lo recuerdo- murmuraron algo entre ellos; aunque, supongo, algo concretamente práctico, inexpresivo).

En realidad, en aquella especial situación -que era del todo pública, o social, y, casi diría, oficial- no tenían ninguna necesidad de hablar. Su silencio era rigurosamente funcional. Y sencillamente lo era porque la palabra era superflua. En realidad, ellos empleaban para comunicarse con los presentes, con los observadores -con sus hermanos de aquel momento- otro lenguaje del formado por las palabras.
Lo que remplazaba al tradicional lenguaje verbal, haciéndolo superfluo -y encontrando además inmediata ubicación en el amplio dominio de los «signos»; es decir, en el ámbito de la semiología- era el lenguaje de sus melenas.

Se trataba de un único signo -precisamente el cabello largo que les llegaba a los hombros- en el que se hallaban concentrados todos los posibles signos de un lenguaje articulado. ¿Cuál era el sentido de su mensaje silencioso y exclusivamente físico?

Era éste: «Somos dos melenudos. Pertenecemos a una nueva clase humana que está apareciendo en el mundo en estos días, que tiene su centro en América y que es desconocida en provincias (como por ejemplo -y sobre todo- aquí en Praga). Para vosotros somos, pues una aparición. Practicamos nuestro apostolado, plenos ya de un saber que nos colma y nos absorbe totalmente. No tenemos nada que añadir oral y racionalmente a lo que físicamente y ontológicamente dice nuestro pelo. La sabiduría que nos llena, en parte a través de nuestro apostolado, también os llegará un día a vosotros. De momento es una novedad, una gran novedad, que crea en el mundo, junto al escándalo, una esperanza: que no será traicionada. Hacen bien los burgueses en mirarnos con odio y terror, porque la base en que se asienta la longitud de nuestro pelo les crea una total contestación.

Pero que no nos tomen por gente mal educada y salvaje: somos muy conscientes de nuestra responsabilidad. No los estamos mirando» vamos a lo nuestro. Hagan lo mismo y esperen los acontecimientos.»
Yo fui destinatario de esta comunicación, y también pude descifrarla en seguida: aquel lenguaje carente de léxico, de gramática y de sintaxis podía ser aprendido inmediatamente, y quizá también porque, entre otras cosas, desde el aspecto semiológico, no era más que una forma de aquel “lenguaje de la presencia física” que los hombres han sabido emplear desde siempre.

Comprendí, y sentí una inmediata antipatía hacia los dos.

Después tuve que tragarme la antipatía y defender a los melenudos de los ataques de la policía y de los fascistas: estuve naturalmente, por principio, de parte del Living Theatre, de los beats, etc., y el principio que me hacía sentir de su parte era un principio rigurosamente democrático.

Los melenudos se volvieron bastante numerosos —como los primeros cristianos—, pero seguían siendo misteriosamente silenciosos; sus cabellos largos eran su único y verdadero lenguaje, y poco importaba añadir otro cualquiera. Su habla coincidía con su ser. La inefabilidad era la ars retorica de su protesta.

¿Qué decían, con su lenguaje inarticulado consistente en el signo monolítico del cabello, los melenudos en 1966 y 1967?

Decían esto: «La civilización de consumo nos da asco. Protestamos de forma radical. Creamos un anticuerpo a dicha civilización, a través del rechazo. Parecía que todo marchaba bien, ¿eh? ¿Nuestra generación tenía que ser una generación de integrados? Pues esto es lo que pasa en realidad. Oponemos la locura a un destino de “ejecutivos”. Creamos nuevos valores religiosos en la entropía burguesa, precisamente en el momento en que se está volviendo perfectamente laica y hedonista. Lo hacemos con un clamor y una violencia revolucionaria (¡la violencia de los no violentos!) porque nuestra crítica a nuestra sociedad es total e intransigente.»

Creo que si hubieran sido interrogados según el sistema tradicional del lenguaje verbal no hubieran podido expresar de forma tan articulada el compromiso de sus melenas: aunque venía a ser eso lo que sustancialmente expresaban. En cuanto a mí, aunque ya desde entonces sospechaba que su «sistema de signos» era producto de una subcultura de protesta que se oponía a una subcultura de poder, y que su revolución no marxista era sospechosa, continué por un tiempo estando de su parte, asumiéndolos al menos en el elemento anárquico de mi ideología.

El lenguaje de aquellos cabellos, aunque inefablemente, expresaba «cosas» de izquierda. Quizá de la nueva izquierda, nacida dentro del universo burgués (en una dialéctica creada a lo mejor artificialmente por aquella mente que regula, más allá de la conciencia de los poderes especiales e históricos, el destino de la burguesía).

Llegó 1968. Los melenudos fueron absorbidos por el movimiento estudiantil; ondearon las banderas rojas en las barricadas. Su lenguaje cada vez expresaba más «cosas» de izquierda. (Che Guevara era melenudo, etc.)

En 1969 -con la tragedia de Milán, la Mafia, los emisarios de los coroneles griegos, la complicidad de los ministros, la trama negra, los provocadores- los melenudos se habían difundido extraordinariamente; aunque aún no fueran la mayoría numérica, lo eran sin embargo por el peso ideológico que habían adquirido. Entonces, los melenudos ya no eran silenciosos: no delegaban al sistema de signos de su cabello su completa capacidad comunicativa y expresiva. Al contrario, la presencia física de las melenas se había, en cierto modo, degradado a una función distintiva. Había vuelto la utilización tradicional del lenguaje verbal. Y no digo verbal casualmente. No, lo subrayo. Se ha hablado tanto de 1968 a 1970 que durante un tiempo podrá dejar de hacerse: se ha dado importancia a la palabrería, y el verbalismo ha sido la nueva ars retorica de la revolución (gauchismo, ¡enfermedad verbal del marxismo!).

Aunque las melenas —reabsorbidas en la furia verbal— ya no hablaran autónomamente a los destinatarios trastornados, aún encontré fuerzas para agudizar mis capacidades de descodificación, y, en medio del barullo, intenté prestar atención al discurso silencioso, evidentemente no interrumpido, de aquellas melenas cada vez más largas.

¿Qué decían ahora? Decían: «Sí, es verdad, decimos cosas de izquierdas; nuestro sentido —aunque puramente acompañante del sentido de los mensajes verbales— es un sentido de izquierdas... Pero... Pero... »

La comunicación de las melenas se paraba ahí: tenía que integrarlo yo solo. Con aquel «pero» evidentemente querían decir dos cosas:

1) «Nuestra inefabilidad se revela cada vez más de tipo irracional y pragmático: la preferencia que silenciosamente atribuimos a la acción es de carácter subcultural, y por tanto esencialmente de derechas.»

2) « Nos han adoptado también los provocadores fascistas, que se mezclan con los revolucionarios verbales (el verbalismo puede llevar también a la acción, sobre todo cuando la mitifica): y constituimos una máscara perfecta, no sólo desde el punto de vista físico —nuestro desordenado fluir y ondear tiende a homologar todas las caras— sino también desde el punto de vista cultural; en realidad una subcultura de derechas puede confundirse perfectamente con una subcultura de izquierdas.»

Por fin comprendí que el lenguaje de las melenas ya no expresaba «cosas» de izquierdas, sino que expresaba algo equívoco, derecha-izquierda, lo que hacía posible la presencia de los provocadores.

Hace unos diez años pensaba que entre nosotros, los de la generación anterior, un provocador era casi inconcebible (a no ser que se tratara de un depurado actor): su subcultura se habría distinguido, incluso físicamente, de nuestra cultura. ¡Lo habríamos reconocido por los ojos, la nariz, y el pelo! En seguida lo habríamos desenmascarado, e inmediatamente le habríamos dado la lección que se merecía. Ahora ya no es posible, nadie podría distinguir, por la presencia física, a un revolucionario de un provocador. Derecha e izquierda se han fundido físicamente.

Llegamos a 1972.

Estaba, en septiembre, en la pequeña ciudad de Isfahan, en el corazón de Persia. País subdesarrollado, como horrorosamente se dice, pero, como también horrorosamente se dice, en pleno despegue hacia el desarrollo.
Sobre la Isfahan de hace unos diez años —una de las más bellas ciudades del mundo, si no la más bella— ha nacido una nueva Isfahan, moderna y feísima. Pero por sus calles, en el trabajo, o de paseo, al atardecer, se ven muchachos como se veían en Italia hace unos diez años: hijos dignos y humildes, con hermosas nucas, bellas caras limpias bajo atrevidos mechones inocentes. Y, de repente, una noche, caminando por la calle principal, vi, entre todos aquellos chicos antiguos, bellísimos y llenos de la antigua dignidad humana, dos seres monstruosos: no eran precisamente melenudos, pero su cabello estaba cortado a la europea, largo por detrás, corto en la frente, estoposo por los tirones, pegado artificialmente alrededor de la cara con dos escuálidos mechones sobre las orejas.

¿Qué decía su pelo? Decía: «¡Nosotros no pertenecemos al número de estos muertos de hambre, de estos pobretones subdesarrollados, que se han quedado atrás en la edad bárbara! Nosotros somos empleados de banca, estudiantes, hijos de gente rica que trabaja en las sociedades petrolíferas; conocemos Europa, hemos leído. ¡Somos burgueses, y nuestro largo cabello testimonia nuestra modernidad internacional de privilegiados!»

Aquellos pelos largos aludían, pues, a «cosas» de derechas.

El ciclo se ha cumplido. La subcultura en el poder ha absorbido la subcultura de la oposición y se la ha apropiado: con diabólica habilidad la ha convertido pacientemente en una moda, que, aunque no se pueda llamar precisamente fascista en el sentido clásico de la palabra, es sin embargo de una «extrema derecha» real.

Concluyo amargamente. Las máscaras repugnantes que los jóvenes se ponen en la cara, afeándose como viejas putas de una injusta iconografía, crean objetivamente en sus fisonomías lo que ellos verbalmente han condenado para siempre. Han vuelto a salir las viejas caras de curas, de jueces, de oficiales, de falsos anarquistas, de empleados bufones, de leguleyos, mercenarios, de enredones, de gamberros conformistas. Es decir, la condena radical e indiscriminada que han pronunciado contra sus padres —que son la historia en evolución y la cultura precedente— levantando contra ellos una barrera infranqueable, ha acabado por aislarlos, impidiéndoles una relación dialéctica con sus padres. Y sólo a través de dicha relación dialéctica —aunque dramática y extrema— es como habrían podido tomar verdadera conciencia histórica de sí mismos y seguir adelante, «superar» a sus padres. Por el contrario, el aislamiento en el que se han encerrado —como en un mundo aparte, en un gueto reservado a la juventud— los ha retenido en su insuprimible realidad histórica, lo que, fatalmente, ha implicado una regresión. En realidad, han vuelto más atrás que sus padres, resucitando en su espíritu terrores y conformismos, y, en su aspecto físico, convencionalismos y miserias que parecían haber sido superados para siempre.

De modo que ahora el cabello largo expresa, en su inarticulado y obseso lenguaje de signos no verbales, en su gamberra iconografía, las «cosas» de la televisión o de los «anuncios» de los productos, donde ya resulta totalmente inconcebible un joven sin el pelo largo: hecho que, hoy, sería escandaloso para el poder.
Siento un inmenso y sincero disgusto al decirlo (más bien una auténtica desesperación), pero el hecho es que centenares y millares de caras de jóvenes italianos se parecen cada vez más a Merlín. Su libertad de llevar el pelo como quieran ya no es defendible porque ya no es libertad. Ha llegado el momento de decir a los jóvenes que su forma de arreglarse es horrorosa, por ser servil y vulgar. Ha llegado el momento de que ellos mismos se den cuenta y se liberen de su ansia culpable de seguir las órdenes degradantes de la horda.

Fuente: http://www.pasolini.net/madrid-saggi16.htm

sábado, 14 de septiembre de 2019

sábado, 7 de septiembre de 2019

Lenin

sábado, septiembre 07, 2019 0
Lenin

Este documental ruso analiza la biografía y personalidad de Lenin, ideólogo de la revolución bolchevique de octubre. Uno de los personajes más influyentes, a la par que controvertidos, de todo el siglo XX, Lenin es el artífice de la construcción del primer país socialista de la historia.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Stalin y la URSS: El Imperio de la Muerte

jueves, septiembre 05, 2019 0
Stalin y la URSS: El Imperio de la Muerte

Stalin detentó el poder absoluto en la Unión Soviética durante 29 Años.

Sus crímenes superan a los de Hitler, ya que envió a 20 millones de compatriotas a la muerte, convirtiéndose en uno de los mayores tiranos de todos los tiempos.

En la época de Stalin eran famosos los campos de concentración y los "hospitales psiquiátricos" en donde los opositores políticos eran internados y torturados hasta la locura total o hasta la muerte.

Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin se hizo con el poder de la Unión Soviética.

Su ideal de estado comunista sin ricos ni pobres, con salud y educación para todos estuvo muy alejado de la realidad.

Los Gulags y las hambrunas mostraron al pueblo ruso el lado más oscuro del comunismo.

Sus crueles programas de industrialización y colectivización a partir de 1930 y sus campañas de represión política le costaron la vida a más de 20 millones de rusos.