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viernes, 13 de diciembre de 2019

“Vox debe exportar su modelo político a Latinoamérica” por Ignacio Nieto Guil

viernes, diciembre 13, 2019 0
“Vox debe exportar su modelo político a Latinoamérica” por Ignacio Nieto Guil

El fenómeno Vox comenzó en el año 2013 cuando Santiago Abascal decidió irse del Partido Popular, engañado por la tibieza centrista que transa con el progresismo y juega al rol pasivo para una izquierda que lo destruye y se queda con todo.

Desde la irrupción del partido liderado por Abascal ha tenido un crecimiento fenomenal, ya que comenzó con solo 50.000 votos en su primera elección de 2015. En Abril de este año llego a la cantidad de 2.664.325 votos, ganando 24 escaños en el Congreso de los Diputados. En la última incursión electoral del pasado domingo llego nada más, ni nada menos a los 3.640.063, consiguiendo sumar 28 cargos para el congreso. El resultado final para Vox en este 2019 es de 949.836 votos más respecto de las elecciones de abril.  De esta forma tendrán 52 escaños transformando a Vox en la tercera fuerza en España y principal oposición a una izquierda en verdadera guerra contra su nación.

Los resultados no se dieron por arte de magia, sino gracias al excelente trabajo realizado por Vox que les dio a muchos españoles relegados una fuerte representatividad y respaldo contra la maquinaria infernal que representa la izquierda. Abascal introdujo a la política española un discurso sin ninguna clase de titubeos e identificó claramente al enemigo, la izquierda, que a su cabeza tiene a Pedro Sánchez, secretario general de Psoe y el comunista Pablo Iglesias, líder de Podemos. Además, de no ser una oposición blanda funcional a las bandillas de izquierda como acostumbran los biempensantes centristas amigos del progresismo.

La astucia de Santiago Abascal radica precisamente en ser un líder firme, que enfrenta, que no calla y que defiende la unidad de España tan castigada por el separatismo Catalán y principal bastión izquierdista de desestabilización en el país ibérico. La bandera de España es su estandarte en cada presentación y el orgullo de pertenecer a una gran nación que ha hecho logros incalculables en el pasado. Las características de Abascal se pueden resumir en que jamás balbucea, ni pretenden tener un discurso que pacte con las asociaciones criminales de izquierda. La claridad en su forma de expresarse y la elocuencia son fundamentales para llegar al español con valores, trabajador y orgulloso de su legado y tradiciones hispanas que los partidos centristas jamás pueden captar, ya sea por cobardía a la izquierda o por estar cómodos siendo una oposición pasiva y vacía.

Lo tragicómico para la izquierda española es que el partido de Abascal fue debidamente constituido en 2013. No obstante sus detractores sentencian como buenos totalitarios que es un partido fascista de ultraderecha. Pero haciendo un poco de historia debemos recordar que partidos como el Psoe y las ideas radicales de Pablo Iglesias actuaron activamente en la Guerra Civil Española. La memoria histórica para ellos no se aplicó aun en cuanto a los crímenes, ejecuciones y matanzas que provocaron por aquellos años. Pero la izquierda siempre vive de un pasado reinventado y actualizando el odio para su propio beneficio y atacar toda disidencia que los combata institucionalmente en el siglo XXI.

Ahora bien, Latinoamérica entro nuevamente a un espiral de infestación marxista, siempre latente y la espera de atacar. La actuación del foro de San Paulo, el Grupo de Puebla y el Castrochavismo eclosionaron en el continente. Perú, Ecuador, Chile y Bolivia sufrieron la desestabilización de las bandillas izquierdistas. El caso paradójico se da en Chile y Bolivia, donde la falacia reina en estos grupos, velando por el derrocamiento del gobierno de Piñera. Pero denuncian en Bolivia un golpe de estado inexistente, ya que Evo Morales es el golpista haciendo fraude en las elecciones, dictaminado por la OEA y presentándose a un cuarto mandato de manera inconstitucional a raíz de que en 2016 perdió un referéndum en el que intentaba modificar la constitución para poder perpetuarse en el poder. Actualmente la Constitución de Bolivia permite una sola reelección de manera continua. De esta manera, la ciudadanía harta del caudillo cocalero que gobernó desde 2006 hasta el domingo pasado se lo hizo manifestar en las calles y al no poder contar con las FFAA para reprimir debió huir del país previo a presentar su renuncia.

Con estos aires revolucionarios descriptos anteriormente es vital que el modelo de Vox emigre hacia Latinoamérica y surjan opositores que no titubeen, y principalmente no se acomoden en cargos cumpliendo una suerte de misión personal. Sino todo lo contrario, tengan la fuerza de decir la verdad, denunciando a la izquierda, tendiendo la astucia y firmeza de pararse ante la mentira sistemática de estas bandas criminales políticas. Además, de velar por el orden constitucional, los valores y las tradiciones propias de cualquier nación bien civilizada que deben ser reflotadas ante el internacionalismo ideológico y los planes maquiavélicos de estos grupos que van por todo, atentando contra la libre determinación de los ciudadanos y proclamando un deísmo sacro estatal con las causas más perversas del neomarxismo como es el feminismo, abortismo, ecologismo, indigenismo y el lgtbismo. En definitiva son causas de minorías ideológicas financiadas por una mayoría que no comulga con esta maraña doctrinal subjetivista, constructivista y propia del relativismo moral de esta época.

La estabilidad tiende de un hilo y la izquierda política saca provecho en los desmanes bien articulados por los sectores fanáticos de extrema izquierda que no hacen más que socavar las estructuras sociales y los pilares fundamentales. Luego de destruirlo todo son víctimas que culpan a sus opositores. Pero en realidad son los verdaderos responsables de que Latinoamérica este sumergida en la miseria moral y en el atraso. Luego, tenemos a una oposición inescrupulosa que pacta, se acomoda, deja paso libre y es parte en definitiva del corporativismo político de izquierda. Sumado a la cobardía y miedo que le imprime. Y aquí precisamente radica el éxito de Vox que no ha podido ser doblegado por la izquierda y cada vez más aumenta su caudal de votos por el verdadero ciudadano patriota, orgulloso de sus raíces y los valores heredados, donde la infestación ideológica no pudo abatirlo y coaptar su mente.

Es por esto, que urge la necesidad de conformar verdaderos bastiones de lucha en Latinoamérica. Espacios donde el ciudadano de a pie, trabajador, de esfuerzo diario, comprometido y orgulloso de su legado hispánico, tenga el respaldo por parte de personas que los representen bien, luchando por ellos y no temblando ante una izquierda demoledora. España ha dado el claro ejemplo con Vox, siendo un partido que defiende la vida, la familia, la libertad y su historia. Ellos se animaron y dieron el paso en 2013. Dos años más tarde prácticamente no sacaron votos y no ganaron ningún escaño en el congreso. Seis años más tarde consiguieron más de 3.600.000 votos y ser la tercera fuerza en España. Sin un inicio fácil, pero con las metas claras, enfrentando el verdadero flagelo que es la izquierda y el separatismo Catalán, buscando reunificar a España y devolviendo la esperanza al ciudadano que ama su patria, lograron lo que para América Latina parece que nunca llegará. Pero mientras hallan ciudadanos comprometidos y dispuestos a devolverle la dignidad a su nación, la esperanza vivirá en cada uno que sueñe con la restauración de los valores que hicieron grande a su patria. Sin lugar a dudas debemos mirar al viejo continente y aprender de Vox que hasta el momento su trabajo está teniendo grandes logros en un país donde la izquierda se hizo fuerte en los últimos años y que va por todo.

Fuente: prensarepublicana.com

Un anillo para gobernarlos a todos. La maldad pura detrás de la ONU.

viernes, diciembre 13, 2019 0
Un anillo para gobernarlos a todos. La maldad pura detrás de la ONU.

No es política, no es ideología, mucho menos es una “cortina de humo”, no: lo que hoy estamos viendo imponerse es una especie de nueva religión secularizada, un credo universal de sustitución, una suerte de fe ciega que aspira a apoderarse de los cuerpos y las almas. Y lo está consiguiendo tanto por la persuasión como por el miedo. Violencia de género. Emergencia climática. Esos son, de momento, los nombres del credo nuevo. Arrepentíos, pecadores.

Era lo que le faltaba al mundo global para tomar realmente cuerpo: una ideología global, una fe única, una “religión verdadera” que pudiera imponerse sobre las conciencias en nombre, por supuesto, de nuestra redención. Porque eso era lo que se precisaba, ¿no? Un nuevo horizonte apto para todos los pueblos, todas las naciones, todas las culturas. Una nueva referencia universal. La destrucción del viejo orden católico había dejado un vacío inmenso. En el siglo XX dos nuevas “ideologías universales”, como las llama Hannah Arendt, trataron de llenar el hueco: la lucha de razas, que terminó entre las ruinas de Berlín en 1945, y la lucha de clases, que terminó también en Berlín, pero bajo los cascotes de un muro, en 1989. ¿Qué otra ideología buscar? ¿El Mercado? Lo intentaron, pero es difícil construir una promesa de redención sobre el ideal del egoísmo. Así amaneció el mundo posmoderno: muertos todos los credos, afloraba un paisaje absolutamente fragmentario y caótico donde todo valía lo mismo, luego nada valía realmente nada. Resultaba divertido, sí, pero ¿cómo gobernar eso?

Un anillo para gobernarlos a todos

En efecto, ¿cómo construir un poder de ambición planetaria sobre una humanidad fragmentada de tal manera? ¿Cómo forjar un anillo para gobernarlos a todos? Y entonces alguien tuvo la idea de armar nuevas luchas universales que trascendieran las viejas y engorrosas fronteras de los Estados-nación y las identidades culturales, siempre tan molestas. No fue el pueblo quien las inventó, no: ha sido el poder el que ha definido estas nuevas guerras, tanto más universales y transversales cuanto más abstractas. Guerras válidas para todo el mundo porque no oponen a sujetos concretos en campos definidos por un interés material directo (franceses contra alemanes, ricos contra pobres, blancos contra negros, qué sé yo), sino que

Sitúan el antagonismo en conceptos ideales, indeterminados (el “hombre” y la “mujer”, el “clima”, etc.).

sitúan el antagonismo en conceptos ideales, indeterminados (el “hombre” y la “mujer”, el “clima”, etc.), cuyo dibujo material sólo aparece a posteriori. Conceptos tan universales, tanto, que en realidad carecen de significado material, pero justamente en eso reside su fuerza… emocional.

Primera guerra universal y transversal: la de los hombres contra las mujeres. ¿Acaso no hay en todas partes algunos hombres que matan a algunas mujeres? Pocas cosas más fáciles de visualizar. La izquierda andaba buscando desesperadamente nuevos sujetos revolucionarios desde la desaparición del proletariado. Lo intentó con las minorías étnicas y con los pueblos oprimidos, pero estos sujetos tienen el inconveniente de que la revolución termina y lo que sale de ahí pocas veces es edificante. Por el contrario, la guerra de sexos no terminará nunca, pues siempre habrá contendientes a los que enfrentar, personajes para construir un relato interminable, infinito, que siembre la semilla de la discordia en el corazón del género humano. La juez Pilar Llop, hoy presidenta del Senado en España, lo ha expresado con un candor inigualable: “Una democracia en la que la mitad de la sociedad [los hombres] vierte violencia sobre la otra mitad [las mujeres] no es una democracia”. Se lo dijo al diario El País en una entrevista de diciembre de 2018. Ahí, en esa fórmula, está todo: dos sujetos indeterminados de extensión universal se hallan en guerra eterna. Por supuesto, la objeción de principio es evidente: salga usted a la calle y dígame dónde ve esa violencia derramada, al margen de un número determinado de casos concretos que, proporcionalmente, no dejan de ser minoritarios. Pero esto es lo de menos: lo que importa es la construcción de un relato capaz de movilizar conciencias en un tiempo de conciencias dormidas.

Segunda guerra universal y transversal: la de la humanidad contra el clima. ¿Acaso no es cierto que vivimos un periodo de calentamiento? ¿Acaso no es cierto también que estamos ensuciando el mundo hasta más allá de lo razonable? Helo aquí: luchemos todos juntos —y en unión— por un gigantesco cambio de las condiciones de producción, de tal modo que detengamos la marcha del cosmos hacia el Apocalipsis. El capitalismo global buscaba desde mucho tiempo atrás un argumento que le permitiera obrar ese prodigio: una gigantesca acumulación de capital como no se veía desde los tiempos de la posguerra para afrontar una nueva revolución industrial. Aquí lo ha encontrado. Y apenas nadie osará levantar la voz, porque la ira del dios Clima será terrible.

Más allá de todo debate racional, la “Calentología” se ha convertido en una especie de Iglesia. Su profeta: el exvicepresidente americano Al Gore. Sus Escrituras: los informes del Panel Internacional de la ONU. Sus doctores: los científicos y técnicos de ese Panel. Sus predicadores: los medios de comunicación que transmiten, frecuentemente exagerándolas, las predicciones del apocalipsis climático. Su mesías: la santa niña Greta, que camina sobre las aguas a bordo de un catamarán señalando el camino de la redención y amenazando a los pecadores. Sus penitentes y flagelantes: los “activistas” que se manifiestan por las calles asaltando tiendas, imbuidos de un poderoso sentimiento de superioridad moral, y llamando a la universal conversión. El Paraíso prometido: la Tierra, nada menos. “Seguidme y heredaréis la Tierra, que de otro modo perecerá.” Eso es estrictamente lo que nos están diciendo. Es un fenómeno impresionante: una religión para los tiempos de la muerte de la religión.

La destrucción del mundo racional

Lo que hace de estos nuevos dogmas una religión, más que una ideología, es su estructura. Para empezar, se presentan como axiomas más allá de toda duda: como son afirmaciones cargadas de contenido moral (“defender a las mujeres”, “salvar a la humanidad”), no es posible plantear el menor debate sin convertirse inmediatamente en sospechoso. “Sólo un puñado de fanáticos sigue negando la evidencia”, decía hace poco Pedro Sánchez a propósito de la emergencia climática. Pero ¿qué evidencia? El procedimiento racional convencional se basa en someter una hipótesis a prueba para verificarla o refutarla, pero aquí no cabe eso: la mera petición de un debate contradictorio ya es causa de expulsión a los infiernos, como le sucedió al meteorólogo jefe de France Télévisions, Philippe Verdier, cuyo libro Climat investigation le valió (octubre de 2015) que le echaran del trabajo. Porque esto no es ciencia. Es otra cosa. ¿En qué campo está realmente el fanatismo?

Segundo elemento estructural que hace de todo esto una religión: la obligación de acatar el credo completo, en todas sus partes, sin opción de análisis parcial. Por ejemplo, si estuviéramos ante una discusión puramente racional, uno podría perfectamente condenar la violencia contra las mujeres, pero, al mismo tiempo, discutir que se trate de “violencia de género”, es decir, una violencia ejercida sobre las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. También por ejemplo, en un plano puramente analítico, uno podría estar de acuerdo en que las emisiones de CO2 son esencialmente nocivas, pero, al mismo tiempo, discutir la validez universal de los modelos de simulación informática empleados para predecir el apocalipsis climático. Pero aquí no cabe nada de eso: hay que coger el credo completo, del mismo modo que nadie podría seguir llamándose cristiano si rehusara acatar, por ejemplo, tres de los diez mandamientos. Integrismo climático, integrismo de género.

El tercer elemento es, por supuesto, el pecado y el pecador. Dado que estamos ante axiomas que hay que aceptar más allá de toda duda, dado que son afirmaciones cargadas de contenido moral y dado que la Verdad hay que aceptarla en su conjunto, toda disidencia queda necesariamente convertida en mancha moral, en transgresión, en culpa. Discrepar no es un error, es un pecado. El descreído no es alguien que esté equivocado, es un infiel, un apóstata que debe ser excluido de la comunidad. En efecto, la potencia emocional de la Verdad revelada es tan intensa que sólo una mala persona —machista, racista, etc.— puede hurtarse a sus bondades. Hay miles de científicos que discrepan de los análisis del Panel de la ONU sobre cambio climático, pero de inmediato se les retira tal condición, porque ¿cómo puede seguir llamándose científico alguien que no reconoce la Verdad revelada por “la ciencia”? Hay miles de juristas que consideran que la ley española de violencia de género es sustancialmente injusta, pero de inmediato su estatuto de jurista queda sepultado por esa mancha moral, pues ¿cómo puede seguir llamándose jurista alguien que discute la “Justicia” por antonomasia?

Los nuevos doctores de la ley, los alfaquíes de la nueva religión, han inventado un término para estos pecadores: “negacionista”, concepto extraído de la polémica sobre el genocidio judío y que ahora se aplica a quienes disienten del credo ortodoxo. Es, una vez más, un concepto cargado de fondo moral: Mefistófeles, el demonio del Fausto, es “el espíritu que todo lo niega”. Negar la verdad suprema del clima o del género es una actitud propiamente diabólica, merecedora de las más severas condenas: el silencio, la exclusión, el linchamiento público. Ha nacido una nueva Inquisición.

Y así murió la izquierda

Hay comentaristas que dicen que en realidad estamos ante un nuevo disfraz de la vieja izquierda para alcanzar sus sueños revolucionarios. Como la izquierda ha sido la primera en subirse al carro de la violencia de género y la emergencia climática, la vinculación parece transparente. ¿Acaso la santa niña Greta no ha hecho girar su discurso hacia la fusión de todas estas cosas? “Los sistemas coloniales, racistas y patriarcales de opresión han creado y alimentado la crisis climática. Necesitamos desmantelarlos a todos”, escribía Greta con las activistas Luisa Neubauer y Ángela Valenzuela (Project Syndicate, 29.11.2019). El planteamiento es falso (de hecho, el primer contaminador mundial sigue siendo, y con diferencia, China), pero eso ya da igual: he aquí un banderín de enganche emocional para que todas las reivindicaciones de género, de etnia y de lo que sea, se unan frente al demonio, por supuesto macho y blanco, bajo la bandera común de la fe climática.

Izquierda, pues. Pero, en realidad, ¿de qué izquierda estamos hablando?

Lenin dijo aquello de que “los burgueses nos venderán la soga con la que los ahorcaremos”. Hoy el capitalismo transnacional podría decir lo mismo respecto a la izquierda, porque todas estas nuevas religiones políticas sólo benefician, en realidad, al orden económico vigente. Cambiarán sin duda los medios de producción y el perfil de la producción, pero la propiedad no cambiará de manos, al revés. En rigor, todas estas reivindicaciones de corte feminista, climático, etc., sólo benefician al orden económico mundial. Un solo ejemplo: para el sistema de producción y consumo,

Seis solteros son mucho más rentables que una familia tradicional de seis miembros, al menos a corto plazo, porque producen más y consumen más.

seis singles son mucho más rentables que una familia tradicional de seis miembros, al menos a corto plazo, porque producen más y consumen más. Desde el punto de vista de la izquierda tradicional, cuyo horizonte teórico ha sido siempre la protección de las clases desfavorecidas frente al poder, las reivindicaciones climáticas o “de género” tienen una significación muy limitada. Pero esa izquierda, al parecer, ya ha muerto definitivamente. Lo que ahora tenemos en esa orilla es un millonario que mira despectivo al pueblo y le llama “fascista” desde lo alto de sus privilegios.

¿De verdad alguien cree que estamos ante un movimiento de resistencia frente al poder, ante una nueva versión de los “parias de la tierra” (hoy, parias del clima) insurrectos frente a la explotación? Basta ver quién financia la European Climate Foundation, organización (por supuesto, “no gubernamental”) clave en esta guerra y fábrica del fenómeno Greta Thunberg. Son Bloomberg Philantropies, del magnate norteamericano Michael Bloomberg, la Rockefeller Brothers Found, el fondo británico TCI (The Children’s Investiment Fund Management), las fundaciones Hewlett y Packard (del gigante de la electrónica Hewlett-Packard), el Fondo de Arcadia Capital Partners, etc. O sea, los parias de la tierra.

Por otro lado, ambas guerras universales, la de género y la climática coinciden en una cosa: sólo el poder es capaz de resolver el problema. Y además, ha de ser un poder global, transnacional, muy por encima del alcance de las viejas democracias nacionales. Son guerras de carácter tan extenso, tan enorme, tan inabarcable en su dimensión planetaria, que por naturaleza exigen la intervención de un poder omnímodo y cuanto más transnacional y coercitivo, mejor; la única opción de la persona singular es bajar la cerviz y someterse a lo que diga el mando invisible del mundo globalizado. De nada sirve la oposición individual, la resistencia personal, la objeción de conciencia: la magnitud del desafío es tan poderosa que sólo cabe el acatamiento, y lo que está en juego es tan alto —la humanidad, nada menos— que cualquier disidente queda de inmediato condenado como blasfemo, como apóstata, bajo el infamante sambenito de “negacionista”. Es, cabalmente hablando, un nuevo totalitarismo.

"Racional" es la palabra clave: frente al magma emocional de las religiones globales, alzar esa vieja razón europea que analiza y disecciona.

Al final, en esto como en otras cosas del mundo global, la única instancia eficaz de resistencia, el último baluarte frente a esta especie de Moloch abstracto, es la apelación a las realidades concretas, a los espacios donde es posible decidir al margen del poder mundial: las personas, las familias, las identidades culturales, las naciones, los espacios políticos visibles y gobernables, donde todavía puede hacerse realidad la voluntad ciudadana sobre una idea racional del bien común. “Racional” es, en este contexto, la palabra clave: frente al magma emocional de las religiones globales, alzar esa vieja razón europea que analiza y disecciona. Si no, estamos perdidos.

Autor: José Javier Esparza
Fuente: rebelionenlagranja.com

jueves, 12 de diciembre de 2019

Iglesia de la Calentología por Jesús Laínz

jueves, diciembre 12, 2019 0
Iglesia de la Calentología por Jesús Laínz

Un buen día, a mi admirado Forrest Gump se le ocurrió echar a correr. Y como les suele suceder a los tontos, obsesivos por naturaleza, le cogió tanto gusto que siguió, y siguió, y siguió, y siguió... Por el camino se le fueron sumando adeptos. El primero de ellos confesó secundarle porque, al verle correr de costa a costa, díjose para sí:

–Aquí hay alguien que tiene las cosas claras, alguien que tiene la respuesta, así que le seguiré hasta donde sea.

Tras aquel primer discípulo, se le fueron sumando muchos otros. Pero un día, en medio del desierto de Utah, tres años, dos meses, catorce días y dieciséis horas después de haber comenzado su carrera, Forrest se detuvo.

–¡Silencio, silencio! Va a decir algo –ordenó uno de los seguidores.

–Estoy cansado. Me voy a casa –anunció con débil voz el maestro.

Y tras el primer estupor, preguntáronse angustiados:

–Y ahora, ¿qué hacemos nosotros?

Al pobre Brian le ocurrió algo parecido cuando empezaron a perseguirle las turbas exigiéndole que les explicara el secreto de la vida eterna, con lo que comenzó el culto a la Santa Alpargata en apretada competencia con el de la Sagrada Calabaza de Jerusalén, lo que desembocaría en su crucifixión ante la cómplice presencia del Frente Popular de Judea, batallón suicida.

Moraleja: el ser humano siempre será el mismo borrego necesitado de rebaño, el mismo débil ansioso de certezas, el mismo fanático presto a la agresión. La esencia es siempre la misma; sólo cambian los detalles.

En estos días, medio mundo está pendiente de en qué punto del Atlántico se encuentra el velero en el que unos padres incalificables han embarcado a la niña mesías que se ha encarnado entre nosotros para traernos la buena nueva. Ni es científica, ni posee ningún conocimiento extraordinario, ni ha sido elegida por nadie, y ni siquiera tiene la edad suficiente para saber de lo que habla, pero toda la progresía mundial escucha embobada las letanías que salen de sus infantiles labios. "¡Dejad que la niña se acerque a nosotros!", claman los discípulos invirtiendo la frase bíblica.

Al borde de la extinción las viejas creencias, la nueva Iglesia de la Calentología ha irrumpido muy oportunamente para colmar los corazones afligidos. Muchos millones se sienten reconfortados con la recién estrenada fe y felices de formar parte de la grey de los elegidos. ¡Y pobre del hereje que no comulgue con las nuevas ruedas de molino, porque será señalado, ridiculizado, desterrado, abominado, condenado y arrojado a los fuegos eternos del fascismo! Pero que se anden con ojo los clérigos calentólogos en su afán de dominar la escena neorreligiosa, pues si el fanatismo de los seguidores es la mejor garantía de solidez de una fe, se les avecina una dura competición con la pujante Iglesia Feminista, provocadora de un histerismo de agresividad difícilmente superable.

Pero, regresando a las cosas del calentón, sigue sin estar claro esto del cambio climático por mano humana. Empezando por la notable hipocresía que invalida su denuncia. Porque es evidente que tanto los izquierdistas como los derechistas se distinguen por su desarrollismo y limitan la preocupación ecologista a poco más que retórica electoralista. Sin duda, lanzan hermosas declaraciones sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente, pero las iniciativas verdaderamente eficaces suelen quedar en casi nada, mientras que ningún partido, ni de un lado ni del otro, puede imaginar replantearse el intocable dogma del crecimiento perpetuo.

Por otro lado, esa izquierda que con tan altas voces proclama su superioridad moral también en asuntos ecológicos nunca conseguirá ocultar que las políticas ambientales más catastróficas se llevaron a cabo en los países socialistas, con la URSS de Chernóbil a la cabeza. Pero la falacia izquierdista sigue funcionando, y ahí está el fenómeno Gore-Thunberg, mascarones de proa del ecoprogresismo actual, para probarlo.

Pero vengamos brevemente al dogma calentológico omnipresente en nuestros días. Porque no hace falta ser científico para advertir que en el último medio siglo el planeta se ha calentado. Pero ese periodo de tiempo es irrelevante, pues el clima nunca deja de cambiar. La Edad Media, por ejemplo, fue un periodo más cálido que el actual, bautizado por los científicos como Óptimo Climático Medieval. También es notorio que desde finales del siglo XVIII, momento en el que concluyó lo que los científicos han llamado Pequeña Edad de Hielo, comenzada en torno al siglo XV, el planeta se ha ido calentando paulatinamente. Hay viejas fotografías que demuestran que el glaciar del Ródano terminaba a mediados del siglo XIX varios cientos de metros más abajo de su posición actual. Lo mismo ha sucedido con los glaciares pirenaicos y los del Himalaya. Lo interesante del dato es que ese retroceso ya era visible hace doscientos años, cuando aún no había comenzado la revolución industrial.

Por eso es necesario ser prudentes al proclamar verdades científicas incontestables, pues pocos años bastan para que pasen a ser archivadas como errores superados. Recuérdese, sin ir más lejos, el consenso científico mundial que en los años setenta alertaba sobre la inminencia de una nueva glaciación. Y por eso no parece sensato negar una tendencia al calentamiento por motivos cósmicos, ajenos a la influencia del hombre.

Pero está claro que acusando al sol no se consigue ni agitar a las masas ignorantes, ni acumular honores planetarios, ni recibir subvenciones millonarias ni dirigir sectas políticas.

Fuente: elmanifiesto.com

Es una revolución por Axel Kaiser

jueves, diciembre 12, 2019 0
Es una revolución por Axel Kaiser

El 14 de julio de 1789, en Paris, luego de torturar, asesinar y decapitar a su custodio principal, la turba se tomaba la Bastilla, mítica prisión y símbolo del poder real. Mientras ello ocurría, Luis XVI se encontraba de cacería en las tierras cercanas a Versalles. En su diario, el rey apenas alcanzaría a escribir ‘nada’ -aludiendo a que no había conseguido presa alguna-, cuando un desesperado mensajero irrumpió en la habitación exclamando: ‘¡Su majestad, han tomado la Bastilla!’ ‘¿Es una revuelta?’ preguntó este con ingenuidad. ‘No’, contestó el mensajero, ‘es una revolución’.

Luis XVI nunca fue capaz de entender lo que enfrentaba. Como a muchos, a él le parecía inconcebible la idea de que la monarquía pudiera estar en peligro. Esa negación de la realidad fue lo que terminó costándole la vida a la monarquía, a él, a su familia y a casi 160 mil personas según cifras que han calculado algunos historiadores. Además del colapso total del orden público, la revolución fue capturada por los extremistas jacobinos, quienes llevaron a cabo no sólo la demolición y refundación de todo el orden social y económico francés, sino el régimen del terror, cuyas primeras víctimas fueron los partidarios moderados de la revolución.

Finalmente, incluso los líderes jacobinos serían guillotinados, pues la Reacción de Termidor para frenar los excesos fue similarmente violenta. Tras años de violencia, cambios constitucionales y caos social y económico creado en nombre de la igualdad y la fraternidad, Francia terminó liderada por un dictador militar, Napoleón Bonaparte, el único capaz de imponer orden a sangre y fuego.

“hoy, luego de haber entregado todo, parece no entender que lo que enfrentó no fue una simple revuelta, sino un intento de derrocarlo llevado a cabo por la versión criolla de los jacobinos.”

Aunque hay galaxias de distancia entre ese episodio y lo ocurrido en Chile, no deja de ser interesante observar algunas similitudes para entender mejor el proceso en curso. De partida, tuvimos un Presidente perdido, quien, a la Luis XVI, celebraba un cumpleaños en un restaurante mientras Santiago ardía. Y hasta hoy, luego de haber entregado todo, parece no entender que lo que enfrentó no fue una simple revuelta, sino un intento de derrocarlo llevado a cabo por la versión criolla de los jacobinos.

En segundo lugar, cual girondinos, la derecha chilena se subió, aunque a medias, a la causa refundacional, sin entender que la puerta que abrió con la nueva Constitución no tiene vuelta atrás y que ellos mismos, probablemente, terminarán tragados por el desorden de un monstruo que no podrán controlar. Una razón es que, si la violencia logró imponer una refundación del orden institucional chileno, es razonable pensar que podrá inclinarlo en la dirección que grupos extremistas anhelan, especialmente si se tiene presente que Chile es un Estado fallido cuando de orden público se trata.

Una tercera similitud que podríamos analizar es la imposibilidad de los radicales de hoy de controlar el proceso de desborde que han justificado. Los mejores ejemplos los dieron el activista principal del asambleísmo jacobino, quien se ha quejado amargamente de la toma de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, donde trabaja, y la ex candidata presidencial del chavismo chileno, tratada de ‘traidora’ por facciones extremas que creía representar.

Por último, vale la pena destacar el entusiasmo que la burguesía y sectores acomodados mostraron en los primeros momentos de la revolución francesa, cuando se reformaba constitucionalmente la monarquía. En esos momentos todo parecía encontrarse bajo control, y las promesas originales de evolución y no de revolución asomaban como el único camino posible. Qué equivocados estaban.

Fuente: fppchile.org


sábado, 7 de diciembre de 2019

El vacío por Jorge Gómez

sábado, diciembre 07, 2019 0
El vacío por Jorge Gómez

Giovanni Sartori decía que se tiende a olvidar que la democracia es un sistema de gobierno y que cuando se descuida aquello, se la empeora e incluso se pone en peligro su funcionamiento. Lo planteado por el pensador italiano se enmarcaba en su cuestionamiento a lo que denominaba negativismo simplista, propio de generaciones que conciben la crítica a todo como un fin en sí y que, además, presumen tener respuestas únicas, sencillas y claras para cada asunto. Sartori decía que la mezcla entre ese negativismo y el infantilismo de las fórmulas mágicas podría poner en serio riesgo el orden político democrático.

Los acontecimientos que en los últimos días hemos podido apreciar en Chile conllevan una multiplicidad de expresiones, entre las cuales también se encuentra una especie de desdén normativo que menosprecia todo lo existente, incluso en términos institucionales, como si aquello fuera del todo inútil o inmoral. Incluso legisladores y alcaldes electos bajo las normas vigentes parecen haber dejado de creer en ellas de un día para otro, ahí está el alcalde Jorge Sharp llamando abiertamente a no respetar la constitución.

“De la frase las instituciones funcionan parece que pasamos a las instituciones no importan. “

De la frase las instituciones funcionan parece que pasamos a las instituciones no importan. El necesario justo medio, tan necesario desde un punto de vista político, no se asoma ni por si acaso en medio de la fogata donde se aglomeran muchos que parecen soñar con quemarlo todo. Y esto no se trata de que hacer prevalecer un criterio de razonabilidad se convierta en un mecanismo de defensa del status quo, que siempre puede ser reformado, sino que se trata de que sea el dique para evitar el reino de la arbitrariedad, tan visible en la violencia sustraída a toda norma de los encapuchados.

En paralelo, los mismos que desdeñan de todo lo existente parecen tener el secreto para resolver de sopetón las pensiones, la salud, los sueldos, todo lo que nos aqueja. La panacea de un futuro mejor, ambiguamente dilucidado en función del rechazo al presente y en función de los deseos, permite que la respuesta constituyente tome fuerza dentro de ese afán de transformación. Pero hasta el momento eso ha sido pura expresión de voluntarismo que se expresa en un enigmático: lo que la gente quiera.

Es claro que muchos quieren propiciar un proceso social y político que esté fuera de todo marco, sin considerar lo que ello podría implicar en términos estrictos para la democracia. Es como si frente a un abismo que se quiere cruzar, algunos quisieran hacerlo precipitadamente y a como dé lugar sin tener nada a lo cual aferrarse y sin importarles cuántos caen de pasada en su intento. Quizás estos personajes presumen que sus propios marcos de referencia, su propia presumida alta moral, son suficientes para que todo tenga una cauce prácticamente idílico. Pero eso es obviar el rol esencial que cumplen los marcos institucionales en los procesos de cambio en una sociedad y sobre todo en su desarrollo. El modo en que evolucionan las instituciones es un reflejo, como decía el Nobel de Economía Douglass North, «del sistema de creencias que ponen en práctica los jugadores»[1]. Pero ¿qué sistema de creencias prescinde de las instituciones de forma tan baladí?

Es claro que una parte de la izquierda quiere conformar su idea de un poder constituyente mediante dos procesos simultáneos que parecen disímiles, pero que esconden una misma pretensión: subvertir todo orden y criterio para hacer imperar un poder popular sin límite alguno. Esto, en términos estrictos se traduce en liberar de toda traba, escrúpulo y criterio todas las fuerzas posibles, lo que a la larga solo da paso a la violencia como criterio de dominio. Obviamente, ninguna sociedad se sostiene bajo esos criterios ni puede establecer criterios de lo justo. Lo que obviamente espera esa parte de la izquierda que busca desatar el caos, es poder canalizar tales fuerzas bajo su dominio, primero bajo la suposición de comprender y representar los orígenes de este, apelando a la rabia acumulada; y luego bajo la excusa de ser ellos y no otros, en tanto verdaderos representantes de esa indefinida masa que demanda cambios, los únicos capaces de gobernar y calmarla.

En el fondo, lo que se busca es generar un vacío de poder absoluto, bajo la presunción de que ellos lo pueden llenar de mejor forma. En ese afán buscan deshacerse de cualquier marco institucional adverso. Entonces, ya no es el problema solo el gobierno, sino el sistema completo. Como ironía, el trazado es similar al que la izquierda, convenientemente desmemoriada en muchos casos, intentaba generar desde mediados de los años sesenta en Chile. No hay que olvidar que en esa época, una parte importante de ella desdeñaba del orden democrático e institucional pues lo consideraban, al igual que ahora, un orden en todo sentido injusto, que había fallado, que solo servía a los ricos y por tanto que no admitía reformas sino el ser desmantelado completamente. En ese afán fueron sistemáticamente intentando horadar las bases institucionales de la democracia de la época, por dos vías, la insurreccional y la de los resquicios legales. Con ello contribuyeron a llevar a la democracia chilena directamente al matadero, tal como lo advirtió Radomiro Tomic en 1973. Y todos sabemos cómo terminó ese maximalismo destructivo.

Hoy, en un afán similar al descrito anteriormente, varios parecen dispuestos a llevar a la democracia a las máximas tensiones contraponiendo marcos extrainstitucionales como forma de resolver las discrepancias. Bajo una idea distorsionada de lo que es la Política, comienzan a abrir paso a la anti política, que es la que dio sustento a todo los sistemas totalitario en el siglo XX. Ahí está la arbitrariedad de los nazis y bolcheviques contra todo aquel que se interpusiera en sus afanes.

“Olvidan que la certeza jurídica es un elemento esencial para garantizar el desarrollo de los países, la prosperidad de todos los ciudadanos y para conformar instituciones adecuadas cuando se hace necesario.”

El espíritu antipolítico se ve reflejado en el desdén y baja disposición, de parte de diversos actores, a abrir canales institucionales para resolver la crisis política e impulsar reformas profundas en la sociedad. El problema de esto es que los límites de lo admisible se tornan cada vez más difusos para diversos actores que asumen que su arbitrariedad es expresión de un supuesto consenso. Entonces, bajo esa dinámica se puede pasar fácilmente de la barricada al linchamiento, al enfrentamiento, a las detenciones arbitrarias, y así sucesivamente. Olvidan que la certeza jurídica es un elemento esencial para garantizar el desarrollo de los países, la prosperidad de todos los ciudadanos y para conformar instituciones adecuadas cuando se hace necesario. En ese sentido «Las consecuencias de esta inestabilidad política sin precedentes para los incentivos y las instituciones económicas deberían ser evidentes»[2] pues en entorno inestables, no solo no hay certezas jurídicas ni derechos de propiedad bien resguardados que permitan establecer instituciones más justas, sino que se termina por generar instituciones aún más extractivas, pues diferentes grupos simplemente se dedican a luchan por beneficiarse de esa lógica del saqueo en torno a un sistema de reglas debilitado.

“Del únete al baile podríamos estar pasando al únete al baile, obligatoriamente.”

Lo triste de lo anterior, es que en nombre de la democracia se comienzan a derrumbar sus fundamentos más esenciales, que son de índole simbólica y ética. La argumentación pierde sentido frente a la primacía de las pasiones y la emocionalidad más radical que se impone a punta de gritos. La legítima diferencia de opiniones o perspectivas es reemplazada por la imposición y el desprecio contra los disidentes. Entonces, la noción de lo que es democrático se subvierte tras nociones más propias del tribalismo donde el libre examen y la autonomía de los individuos es puesta en dudas por la multitud. Muchos dirán que se exagera al colocar atención a estos fenómenos, pero en función de este tipo de acciones, las sociedades pueden entrar no solo en un espiral del silencio sino también en dinámicas totalitarias. Del únete al baile podríamos estar pasando al únete al baile, obligatoriamente.

¿Qué tipo de debate político se puede generar a partir de la predominancia de ese tipo de espíritus? ¿Qué clase de pluralismo, tolerancia y diálogo se puede garantizar en torno a un debate constitucional, si incluso en espacios como las redes sociales no existe el más mínimo criterio democrático ni el más mínimo sentido institucional?

Algunos no están entendiendo es que la Política no puede fundarse en la moral de la pandilla[3]. Los vándalos que impulsan la violencia como mecanismo de acción política, se alimentan de eso y ganan terreno derrotando a la Política en todo sentido. Ningún cambio es viable en ese terreno donde se prescinde de las instituciones, sobre todo políticas, pues estas «reducen la incertidumbre creando una estructura estable de cambio». [4]

Resulta paradójico que algunos, al mismo tiempo que validan la violencia como expresión política, olvidan el modo en que se siembran los caminos hacia la tiranía. Porque la turba liberada de todo criterio, muy bien expresado en el linchamiento, no da paso al imperio de la Justicia sino de la arbitrariedad. La Justicia es un sistema de reglas, no es posible conformarla en medio del atropello. Y de eso no sale nada bueno sino que nacen los tiranos de cualquier color. Muchos azuzan esos vientos de forma ingenua o abiertamente irresponsable bajo la presunción de que así harán crecer la democracia. Pues no, así están derrumbando sus cimientos más esenciales, que no radican en un papel escrito ni en un sistema electivo, sino en la forma que los individuos conciben el debate público.

Es en este contexto donde se hace aún más relevante el tema de las ideas y principios que se promueven. Porque como decía Epicteto: «lo que perturba y alarma al hombre no son las cosas sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas». Porque las ideas que prevalezcan, en cuanto a las actuales exigencias, determinarán el carácter de los nuevos incentivos y oportunidades, y con ello, si el cambio institucional será gradual, pacífico, sin altos costos y por tanto beneficioso para todos en corto y largo plazo. La disputa concreta y real es en torno a quienes o qué principios construyen una sociedad justa en serio. Para eso, es necesario no sólo promover normas formales en cuanto a la democracia y el estado de derecho, sino el promover fuertemente principios y limitaciones democráticas, que contribuyan a la promoción de una sociedad democrática, pluralista, justa y abierta. Pero eso no se conforma en el aire sino que depende de los principios que cada uno profesa en cada espacio. Los demócratas en serio deberían recordar que «cuando las ideas son descuidadas por los que debieran preocuparse de ellas —es decir, por lo que han sido educados para pensar críticamente sobre ideas—, éstas adquieren a veces un carácter incontrolado y un poder irresistible sobre multitudes de seres humanos que pueden hacerse demasiado violentos para ser afectados por la crítica de la razón».[5]

El problema es que lo que muchos presumen como una subversión contra “el modelo” o el orden constitucional vigente, en realidad toma los ribetes de una rebelión contra la Política en sí, esa con mayúsculas. Eso no instaura la justicia, ni verdaderas democracias, ni entrega más poder al pueblo. Más bien lo disuelve y lo somete al reino de la arbitrariedad fuera de todo marco que efectivamente disuelve al pueblo. Ese es el terreno fértil para los caudillos, los populistas y los déspotas. En estos tiempos, muchos parecen no ver el riesgo de pasar de una supuesta docilidad servil a la desarreglada licencia que, como diría Andrés Bello[6], se rebela contra la autoridad de la razón y contra los más nobles y puros instintos del corazón humano.

Fuente : fppchile.org


[1] North,
Douglass C. (2000). La Evolución Histórica De Las Formas De Gobierno. Revista
De Economía Institucional
2 (2), 133-48. https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/ecoins/article/view/300.

[2] Acemoglu, A. y Robinson, James A. (2012). Por
qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza
.
Deusto. 47.

[3] Camus, A. (1953). El Hombre Rebelde, Editorial
Losada. Argentina.

[4] North,
Douglass C. (2000). Instituciones, cambio institucional y desempeño
económico
. Fondo de Cultura Económica. México. 71.

[5] Isaiah, B. (2005). Dos conceptos de
libertad y otros escritos
. Alianza Editorial. Madrid.

[6] Bello, A. (1843). Discurso pronunciado en
la instalación de la Universidad de Chile
. El Araucano. Disponible en: http://www.uchile.cl/portal/presentacion/historia/4682/discurso-inaugural

La generación de la queja por José Luis Trevia

sábado, diciembre 07, 2019 0
La generación de la queja por José Luis Trevia

Nacieron y vivieron en un Chile que ya había abrazado la democracia. La dictadura había quedado atrás y el país comenzaba a mostrar luces de bienaventuranza. El modelo de desarrollo comenzaba a ofrecer sus logros, conjuntamente, a la consolidación democrática. Ello nos llevó a exhibir estos estándares: se redujo la pobreza del 44% al 8% según la encuesta Casen 2017, logró una cobertura de educación secundaria de 80,1% siendo líder regional y ostentar a más de 1.250.000 estudiantes en educación superior, el aumento en la esperanza de vida a 80 años promedio, redujo la desigualdad en base al Gini de 0.57 en 1989 a 0.46, el índice de desarrollo humano (IDH) de 0.843 en calidad de muy alto y que mide variables como la mortalidad infantil, tasa de alfabetización, entre otros.

“Debemos comprender que estos últimos 30 años han sido de un progreso sin precedentes en la historia de Chile, en las más diversas variables”.

Debemos comprender que estos últimos 30 años han sido de un progreso sin precedentes en la historia de Chile, en las más diversas variables.

La cuna de esta generación fue el progreso alcanzado por Chile. No batallaron contra la dictadura por recuperar la democracia, ni se arremangaron para con sangre, sudor y lágrimas, alcanzar una mejor calidad de vida al alero de un país que a punta de esfuerzo crecía como nunca antes. Todo eso conformó la cuna de esta generación, todo estaba allí para recibirlos.

Esta generación, en cambio, se ha caracterizado por la queja y la violencia. Han institucionalizado los paros en las universidades –casi asumiéndose como parte del año académico- prefiere las redes sociales al interactuar en sociedad o al deporte (basta ver las altas tasas de obesidad infato-juvenil). Esta es la generación que concentra a la módica suma de 528.000 jóvenes que no estudian ni trabajan según Actitud Lab. Los famosos “ninis”. Jóvenes de entre 15-29 años que no están haciendo prácticamente nada ni por ellos, ni por sus familias, ni por el país.

¿Habría sido posible este fenómeno en un país pobre? Absolutamente no, sería imposible mantener a tanto joven frustrado que esparce su verdad por redes sociales y que supuestamente nadie lo entiende, por favor, sean serios alguna vez. ¿Es Chile un país rico entonces? Claro que no, pero está lejos de ser un país sumido en la pobreza como muchas veces se quiere ver.

Un país quemado, saqueado y destruido, en gran parte por la generación de la queja, es algo que no podemos seguir permitiendo. Se tiene que acabar el beneplácito de los padres a estos hijos que solo le causan perjuicios a Chile y ponerle fin a la beatería juvenil como diría Carlos Peña. Asuman sus errores y colaboren con levantar un Chile desolado y desesperanzado, solo así realmente podrán contar a las generaciones siguientes su “legado”.

Fuente: fppchile.org

viernes, 6 de diciembre de 2019

¿Cómo mejorar las pensiones en Chile? por Bernardo Fontaine

viernes, diciembre 06, 2019 0
¿Cómo mejorar las pensiones en Chile? por Bernardo Fontaine

¿Cómo mejorar las pensiones en Chile? ¿Son la pensiones un derecho de propiedad? Éstas y otras preguntas son abordadas por el economista Bernardo Fontaine en esta charla exclusiva FPP en la que reflexiona sobre la crisis del sistema de pensiones en Chile y la necesidad de reformarlo.

Bernardo Fontaine es Economista y líder del movimiento Reforma la Reforma.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Josep Pla y la cuestión racial

miércoles, diciembre 04, 2019 0
Josep Pla y la cuestión racial

Transcribo aquí parte de las respuestas de Josep Pla a una entrevista que le hicieron después de viajar a Nueva York, allá por 1954. Está recogida en la edición de las obras completas. Desconozco el nombre del periodista.
Pla dice aquí un par de cosas sorprendentes, poco del tiempo. Hubiera sido divertido leerla durante la campaña americana del 2016, pero es preferible no llamar mucho la atención (salvo que sea inevitable).
No se lee demasiado a Pla, ni a nadie, pero los que lo leen (un poco oficialmente), presentan un Pla quizás desfigurado, cuinat, una miqueta cuit.
Pido perdón por mi apresurada y pobre traducción. El periodista le pregunta por el problema racial en Estados Unidos (“el problema dels negres”) y el autor responde como sigue:

“En Estados Unidos, y en Nueva York concretamente, los blancos están en su lugar y los negros en el suyo. Son pueblos que viven separados. No se puede negar que la convivencia, siendo puramente externa, es difícil. En todo caso, esta convivencia o su fracaso se resuelve en anécdotas personales, a veces dramáticas, es decir, en cosas que pasan en la vida. A veces un negro se proyecta sobre una mujer rubia. A veces unos blancos matan a un negro. Yo no estoy dispuesto a proyectar sobre estos hechos la menor consideración sentimental y menos a deducir consecuencias de carácter general. Son cosas de la naturaleza humana, males de la bestia. Las personas que se rasgan las vestiduras frente a estos hechos suelen ser las mismas que en la época de Hitler aceptaban como la cosa más natural del mundo el exterminio de los judíos en el campo de concentración y las que ahora justifican los ignominiosos campos soviéticos de trabajo. Por el hecho de que a veces se produzca una catástrofe ferroviaria espantosa los ferrocarriles no son un problema insoluble -en los países donde viajar en ferrocarril ofrece una seguridad mínima, se entiende. De manera, pues, que el problema de los negros se ha de plantear de otra manera, si se trata, entendámonos, de hacerlo objetivamente inteligible. Mientras los negros estén en su lugar y los blancos en el suyo, perfectamente separados y diferentes, usted puede esperar sentado a ver la producción de la catástrofe que el problema negro, según los profetas, ha de provocar. El problema se podría comenzar a producir el día que los blancos tuviesen la veleidad de mezclarse con los negros, de romper la separación, sobre todo el día que mezclasen su sangre, como en tantos países de América ha pasado. Mientras haya separación, se producirán pequeñas anécdotas insignificantes. El problema podría comenzar el día que comenzase el mestizaje. La gran tragedia de América Latina es el mestizaje. Por fortuna, esta posibilidad, de tan remota, es a los Estados Unidos absolutamente impensable. No olvide que Nueva York es una ciudad formada por emigrantes del Norte de Europa -holandeses, ingleses, irlandeses, escandinavos, judíos, centroeuropeos-, es decir, por personas que están dispuestas a darle a los negros toda la consideración que merezcan y que en cada caso crean pertinente, pero que jamás se mezclarán. Unos Estados Unidos y un Canadá poblados por mulatos son, por fortuna, inimaginables (…) En Estados Unidos tienen un campo muy provechoso de experiencia racial en el área vastísima de la América denominada latina. Los resultados de esta experiencia, el mestizaje, el mulataje, el criollismo, las mezclas de negros y chinos son perfectamente conocidas y tienen una fuerza normativa incuestionable (…)
Los Estados Unidos no han hecho nunca una política antinegra, han hecho una política de separación, que es muy diferente. Han usado una tendencia contraria al mestizaje que su población blanca ha exigido. Dada la composición humana de los Estados, dirigidos y manipulados por hombres del norte de Europa, muchos de ellos europeos cien por cien, no es fácil que cometan los errores que algunos pueblos de Europa han cometido en América”.

Fuente: elmanifiesto.com

lunes, 2 de diciembre de 2019

El rol de la libertad en el progreso humano | Gonzalo Sanhueza

lunes, diciembre 02, 2019 0
El rol de la libertad en el progreso humano | Gonzalo Sanhueza

El economista Gonzalo Sanhueza explica por qué la libertad tiene un rol fundamental para el progreso humano.

Gonzalo Sanhueza es Senior Fellow FPP y economista de la Universidad de Chile, Master y Ph.D en Economía de la Universidad de California. Economista Senior FPP. Consultor del Banco Interamericano de Desarrollo y del Fondo Monetario Internacional. En 2016 fue distinguido por Focus Economics con el Premio Best Current Account Forecasters - Chile por lo acertada de sus proyecciones en materia de cuenta corriente.