2019 - Prohibido Saber

martes, 31 de diciembre de 2019

Rusia: Autoritarismo, Propaganda y Mafia.

martes, diciembre 31, 2019 0
Rusia: Autoritarismo, Propaganda y Mafia.

Charla del historiador Stephen Kotkin, autor de varios libros sobre la URSS y Stalin, hablando sobre la Rusia de Putin, el autoritarismo de un estado mafioso con una maquinaria de propaganda implacable. Las bases de los sistemas autoritarios, las vulnerabilidades y la relación con occidente y con Estados Unidos.

Liberalismo y progreso en el siglo XXI | Alfredo Jocelyn-Holt y Gonzalo Sanhueza.

martes, diciembre 31, 2019 0
Liberalismo y progreso en el siglo XXI | Alfredo Jocelyn-Holt y Gonzalo Sanhueza.

Gonzalo Sanhueza es Senior Fellow FPP, economista y Ph.D en Economía de la Universidad de California.

Alfredo Jocelyn Holt es historiador, licenciado en Derecho y Ph.D en Historia de la Universidad de Oxford.

lunes, 23 de diciembre de 2019

“Anatomía del Socialismo” por Marichal (No lo vas a escuchar en la radio)

lunes, diciembre 23, 2019 0
“Anatomía del Socialismo” por Marichal (No lo vas a escuchar en la radio)

viernes, 20 de diciembre de 2019

La caída del muro de Berlín y el fin de la historia

viernes, diciembre 20, 2019 0
La caída del muro de Berlín y el fin de la historia

En 2019 se cumplió el 30 aniversario de la caída del Muro de Berlín. Este suceso, significó un momento clave en la historia del siglo XX, por lo que se ha especulado mucho acerca de que impacto podría tener en las próximas décadas. Ya que han pasado 30 años, repasemos cuales eran las principales predicciones que se hicieron al comienzo de los años noventa.

jueves, 19 de diciembre de 2019

El triunfo de Gramsci por Axel Kaiser

jueves, diciembre 19, 2019 0
El triunfo de Gramsci por Axel Kaiser

Si hay algo que dejó en evidencia la reciente implosión es cómo diversas instituciones han sido colonizadas por activistas de izquierda. Los peores fueron los medios de prensa televisivos, donde hubo pocos periodistas que no estuvieran claramente alineados con la ideología subversiva que buscaba destruir nuestra democracia.

Buena parte de los intelectuales públicos tampoco lo hizo mejor. Muchos ofrecieron un vergonzoso despliegue de auto santificación, frivolidad y liviandad intelectual reflejadas en la pretensión de que de un desastre como el que nos asoló se podía salir sin pagar un costo en términos de cuestiones que consideramos valiosas. Conocidos son también los casos de profesores de escuela que adoctrinaban alumnos, de deportistas y artistas multimillonarios que aprovecharon para posar de buenas personas hablando de la desigualdad y, en algunos casos, a esparcir mentiras.

Peor todavía fue la actitud de parte del Poder Judicial y del fiscal Abbott. Entre los jueces, la propaganda del IDH, la fiscalía y la prensa se encargaron de paralizar todo lo que pudieron el actuar de policías y uniformados, como si el verdadero y único problema en Chile hubiera sido el abuso policial, cuando el verdadero desastre era el colapso del Estado de derecho, que reposa precisamente en el uso de la fuerza.

Si a ellos sumamos el brazo político de terroristas, narcotraficantes y delincuentes que forma parte del Congreso y sus deplorables justificaciones de la destrucción de las vidas de millones de chilenos, y a aquellos empresarios débiles que no dudaron en endosar el absurdo de que la desigualdad es el origen del problema actual, tenemos todos los ingredientes para concluir que Chile no tiene un buen destino.

Y es que, como explicó el teórico marxista Antonio Gramsci hace casi un siglo, lo que permite que el sistema liberal capitalista se sostenga es, ante todo, su legitimidad frente al público general. Para Gramsci, somos una especie que se mueve por ideas, creencias y sensaciones sobre lo justo. Por eso, insistió, el camino para derrocar el capitalismo no era la revolución armada, como postulaba Marx, pues no gozaría de respaldo popular por mucho tiempo. El mejor camino consistía en construir ‘hegemonía cultural’.

“En Chile ese punto de inflexión llegó y las décadas de trabajo construyendo hegemonía por parte de la izquierda están logrando el objetivo”.

Con ese concepto, Gramsci se refería a los valores e ideas predominantes en una sociedad y de los cuales depende su funcionamiento. Para construirla, pensaba, se deben penetrar instituciones esenciales como la prensa, las escuelas, las universidades, las iglesias, etc., que son las fuentes creadoras de sentido común. Gramsci incluso llegaría a hablar de que eran necesarios ‘filósofos democráticos’, es decir, pensadores que abandonaran la torre de marfil para entrar en contacto con el pueblo y llevarlo por el camino socialista.

Todo esto podía tardar décadas, pero eventualmente llegaría el momento, el punto de inflexión en que el sistema caería para ser reemplazado por otro.

En Chile ese punto de inflexión llegó y las décadas de trabajo construyendo hegemonía por parte de la izquierda están logrando el objetivo. En cuanto a la mayoría de los empresarios, siguiendo a Lenin, podemos decir figurativamente que fabricaron la soga con la que los van a colgar, pues fueron ellos quienes contrataron, financiaron o simplemente no se preocuparon de lo que ocurría al interior de sus medios, universidades, colegios, etc. Así, Gramsci los derrotó y estará por verse si en el futuro lograran revertir la hegemonía actualmente establecida para sacar a Chile de la larga y oscura noche que sin duda se le viene encima.

Fuente: fppchile.org

martes, 17 de diciembre de 2019

Lo que los medios progres no dicen del BREXIT

martes, diciembre 17, 2019 0
Lo que los medios progres no dicen del BREXIT

Cuando oímos hablar del BREXIT, siempre escuchamos la versión de los medios progres; que son casi todos. Escuchamos cosas como que los ingleses son racistas y que quieren separarse del resto porque quieren cerrar sus fronteras a la inmigración. Escuchamos que prefieren estar solos y lejos del mundo, the splendid isolation, como ellos le llaman. Que separarse de Europa les traerá muchos problemas y que el reino unido será perjudicado por eso.

La realidad es que las cosas por las que los británicos quieren salirse de la unión son muy diferentes a la que los medios progres dicen. Este video explica algunas de esas razones.

domingo, 15 de diciembre de 2019

La gran estafa del calentamiento global (documental doblado versión completa, no censurada)

domingo, diciembre 15, 2019 0
La gran estafa del calentamiento global (documental doblado versión completa, no censurada)

Documental, producido y emitido por el Canal 4 en Gran Bretaña en 2007.

Más evidencias de que la teoría del Calentamiento Global causado por el hombre es un engaño.

"La gran estafa del Calentamiento Global", está apoyado por eminentes científicos que critican el aceptado consenso de que el cambio climático está causado por el hombre.

Nos mostrará un grupo de respetados científicos atacando a la "propaganda" que ellos alegan está matando a los pobres del mundo.

Incluso el cofundador de Greenpeace, Patrick Moore, es mostrado reclamando que los países africanos deberían ser animados a producir más CO2.

Nadie en el documental defiende la teoría del efecto invernadero, sin embargo, reivindican que el cambio climático es natural, ha estado ocurriendo durante años y el desprendimiento de hielo de los glaciares sucede precisamente en la primaveratan normal como que las hojas caigan en otoño.

El controvertido director Martin Durkin dijo: "Tu puedes ver las incoherencias con la ciencia del calentamiento global, pero la gente no te cree, son necesarios diez años para conseguir este objetivo." "Pienso que se recordará en la historia como el primer capítulo en una nueva era de las relaciones entre los científicos y la sociedad.

Los científicos legítimos -gente con títulos- son los chicos malos." "Es una gran historia que va a causar polémica" "Es muy raro que una película cambie la historia, pero pienso que este es un punto de inflexión y en cinco años la idea de que el efecto invernadero es la principal razón del calentamiento global será visto como una total gilipollez".

A Bolivia le conviene pedir una base militar estadounidense en su territorio. Por José Brechner

domingo, diciembre 15, 2019 0
A Bolivia le conviene pedir una base militar estadounidense en su territorio. Por José Brechner

La chusma argentina volvió al poder repartiendo millones en las villas y se siente más fuerte que nunca. La repulsiva Cristina Kirchner, la delincuente, asesina (Nissman), más detestable del continente encontró protección en la vicepresidencia y se cree intocable.

Los argentinos mostraron una vez más que son un pueblo al que se puede conducir como a las gallinas, con alpiste, para que les corten el pescuezo.

Juan Domingo Perón el elocuente militar, golpista, nacionalsocialista, que hizo de su primera mujer, Eva, una santa siendo lo opuesto y, de su segunda mujer, Isabel, una bataclana de igual reputación que la primera, su vicepresidente; podía haber puesto a su perro en el gabinete y los argentinos hubiesen aplaudido sonrientes.

Curiosamente, los chuchos son más leales y más inteligentes que varios de los nuevos ministros; por lo menos no tienen prontuario. Cualquier bestia es más docta que un peronista. No es por nada, como dijo Domingo Faustino Sarmiento, que jugando con las letras del denominativo “argentino”, la única palabra que se puede formar es “ignorante”.

El flamante equipo de piqueteros, titulados ministros, comenzó mal con Estados Unidos, Brasil y Bolivia. Con los dos primeros no puede hacerse al macho, pero con Bolivia sí, aunque el ejército argentino está tan mermado que ni siquiera tiene uniformes. Las izquierdas se encargaron de desmantelar a sus Fuerzas Armadas por temor a que les sienten la mano como en el pasado.

Lo que el diminuto cerebro de los peronistas no capta, es que si quieren agredir a Bolivia, Estados Unidos y Brasil saldrán a defenderla.

Internamente, Argentina es el país con el mayor número de bolivianos, algunos dicen que son 700.000 otros 1,5 millones. Cómo reaccionará esa multitud si Argentina se ensaña con Bolivia, es una incógnita, pero podría derivar en una guerra internacional y civil, pues los argentinos del norte son tan quechuas como los bolivianos. (Llamados “cabecitas negras” por los arrogantes blanquitos porteños).

El populista presidente argentino, no reconoció al actual gobierno boliviano que está jugando a la democracia en niveles ejemplares, después de haber salido de una dictadura racista de 14 años. Evo Morales usurpó el poder prohibió la libre expresión, cambió antojadizamente las leyes de la república y sometió al país al castrochavismo. La Argentina peronista está con él (vaya qué raro).

El comercio y el flujo de personas a través de la frontera argentina-boliviana es grande. Tener a un gobierno hostil del lado opuesto de la vereda, da motivo para que Bolivia pida la instalación de una base militar norteamericana en su territorio.

Una fuerza armada norteamericana poderosa y moderna en el centro de Sudamérica es una de las pocas alternativas para defender la libertad y la democracia contra los progres, que insisten en hacer resucitar a un Frankenstein de la Unión Soviética en América Latina.

El ejército de los Estados Unidos, es el único que puede brindar garantías reales para preservar la paz en la región a medida que los cubanos, venezolanos, iraníes y argentinos, aspiran a controlar el territorio.

Bolivia, el epicentro codiciado por Fidel Castro y su sirviente, el Che Guevara, no es solamente de interés para los zurdos de la zona. Rusia y China también quieren las riquezas de los países sudamericanos y tener mayor proximidad a su enemigo centenario, los Estados Unidos, a quien gozarían de hacer caer de la cima de la montaña.

Cuba, Venezuela, México y Argentina, se encuentran más cerca de Washington que Moscú, Beijing, Teherán y Pyongyang. Tarde o temprano habrá una guerra pues esa es la ley de la vida, así lo enseña la historia que es circular. Lo más probable es que sea global, entre las izquierdas extremistas aliadas con los musulmanes radicales, contra las derechas y sus infieles judeocristianos.

A Bolivia, una presencia militar norteamericana, no solamente la protegería de sus potenciales enemigos externos con quienes perdió la mitad de su territorio (un millón de kilómetros cuadrados) desde su independencia, sino también de sus traicioneros enemigos internos.

Fuente: brechner.typepad.com

viernes, 13 de diciembre de 2019

The Cranberries - Zombie (Explicación histórica de la canción)

viernes, diciembre 13, 2019 0
The Cranberries - Zombie (Explicación histórica de la canción)

La farsa del comunismo cultural

viernes, diciembre 13, 2019 0
La farsa del comunismo cultural

“Vox debe exportar su modelo político a Latinoamérica” por Ignacio Nieto Guil

viernes, diciembre 13, 2019 0
“Vox debe exportar su modelo político a Latinoamérica” por Ignacio Nieto Guil

El fenómeno Vox comenzó en el año 2013 cuando Santiago Abascal decidió irse del Partido Popular, engañado por la tibieza centrista que transa con el progresismo y juega al rol pasivo para una izquierda que lo destruye y se queda con todo.

Desde la irrupción del partido liderado por Abascal ha tenido un crecimiento fenomenal, ya que comenzó con solo 50.000 votos en su primera elección de 2015. En Abril de este año llego a la cantidad de 2.664.325 votos, ganando 24 escaños en el Congreso de los Diputados. En la última incursión electoral del pasado domingo llego nada más, ni nada menos a los 3.640.063, consiguiendo sumar 28 cargos para el congreso. El resultado final para Vox en este 2019 es de 949.836 votos más respecto de las elecciones de abril.  De esta forma tendrán 52 escaños transformando a Vox en la tercera fuerza en España y principal oposición a una izquierda en verdadera guerra contra su nación.

Los resultados no se dieron por arte de magia, sino gracias al excelente trabajo realizado por Vox que les dio a muchos españoles relegados una fuerte representatividad y respaldo contra la maquinaria infernal que representa la izquierda. Abascal introdujo a la política española un discurso sin ninguna clase de titubeos e identificó claramente al enemigo, la izquierda, que a su cabeza tiene a Pedro Sánchez, secretario general de Psoe y el comunista Pablo Iglesias, líder de Podemos. Además, de no ser una oposición blanda funcional a las bandillas de izquierda como acostumbran los biempensantes centristas amigos del progresismo.

La astucia de Santiago Abascal radica precisamente en ser un líder firme, que enfrenta, que no calla y que defiende la unidad de España tan castigada por el separatismo Catalán y principal bastión izquierdista de desestabilización en el país ibérico. La bandera de España es su estandarte en cada presentación y el orgullo de pertenecer a una gran nación que ha hecho logros incalculables en el pasado. Las características de Abascal se pueden resumir en que jamás balbucea, ni pretenden tener un discurso que pacte con las asociaciones criminales de izquierda. La claridad en su forma de expresarse y la elocuencia son fundamentales para llegar al español con valores, trabajador y orgulloso de su legado y tradiciones hispanas que los partidos centristas jamás pueden captar, ya sea por cobardía a la izquierda o por estar cómodos siendo una oposición pasiva y vacía.

Lo tragicómico para la izquierda española es que el partido de Abascal fue debidamente constituido en 2013. No obstante sus detractores sentencian como buenos totalitarios que es un partido fascista de ultraderecha. Pero haciendo un poco de historia debemos recordar que partidos como el Psoe y las ideas radicales de Pablo Iglesias actuaron activamente en la Guerra Civil Española. La memoria histórica para ellos no se aplicó aun en cuanto a los crímenes, ejecuciones y matanzas que provocaron por aquellos años. Pero la izquierda siempre vive de un pasado reinventado y actualizando el odio para su propio beneficio y atacar toda disidencia que los combata institucionalmente en el siglo XXI.

Ahora bien, Latinoamérica entro nuevamente a un espiral de infestación marxista, siempre latente y la espera de atacar. La actuación del foro de San Paulo, el Grupo de Puebla y el Castrochavismo eclosionaron en el continente. Perú, Ecuador, Chile y Bolivia sufrieron la desestabilización de las bandillas izquierdistas. El caso paradójico se da en Chile y Bolivia, donde la falacia reina en estos grupos, velando por el derrocamiento del gobierno de Piñera. Pero denuncian en Bolivia un golpe de estado inexistente, ya que Evo Morales es el golpista haciendo fraude en las elecciones, dictaminado por la OEA y presentándose a un cuarto mandato de manera inconstitucional a raíz de que en 2016 perdió un referéndum en el que intentaba modificar la constitución para poder perpetuarse en el poder. Actualmente la Constitución de Bolivia permite una sola reelección de manera continua. De esta manera, la ciudadanía harta del caudillo cocalero que gobernó desde 2006 hasta el domingo pasado se lo hizo manifestar en las calles y al no poder contar con las FFAA para reprimir debió huir del país previo a presentar su renuncia.

Con estos aires revolucionarios descriptos anteriormente es vital que el modelo de Vox emigre hacia Latinoamérica y surjan opositores que no titubeen, y principalmente no se acomoden en cargos cumpliendo una suerte de misión personal. Sino todo lo contrario, tengan la fuerza de decir la verdad, denunciando a la izquierda, tendiendo la astucia y firmeza de pararse ante la mentira sistemática de estas bandas criminales políticas. Además, de velar por el orden constitucional, los valores y las tradiciones propias de cualquier nación bien civilizada que deben ser reflotadas ante el internacionalismo ideológico y los planes maquiavélicos de estos grupos que van por todo, atentando contra la libre determinación de los ciudadanos y proclamando un deísmo sacro estatal con las causas más perversas del neomarxismo como es el feminismo, abortismo, ecologismo, indigenismo y el lgtbismo. En definitiva son causas de minorías ideológicas financiadas por una mayoría que no comulga con esta maraña doctrinal subjetivista, constructivista y propia del relativismo moral de esta época.

La estabilidad tiende de un hilo y la izquierda política saca provecho en los desmanes bien articulados por los sectores fanáticos de extrema izquierda que no hacen más que socavar las estructuras sociales y los pilares fundamentales. Luego de destruirlo todo son víctimas que culpan a sus opositores. Pero en realidad son los verdaderos responsables de que Latinoamérica este sumergida en la miseria moral y en el atraso. Luego, tenemos a una oposición inescrupulosa que pacta, se acomoda, deja paso libre y es parte en definitiva del corporativismo político de izquierda. Sumado a la cobardía y miedo que le imprime. Y aquí precisamente radica el éxito de Vox que no ha podido ser doblegado por la izquierda y cada vez más aumenta su caudal de votos por el verdadero ciudadano patriota, orgulloso de sus raíces y los valores heredados, donde la infestación ideológica no pudo abatirlo y coaptar su mente.

Es por esto, que urge la necesidad de conformar verdaderos bastiones de lucha en Latinoamérica. Espacios donde el ciudadano de a pie, trabajador, de esfuerzo diario, comprometido y orgulloso de su legado hispánico, tenga el respaldo por parte de personas que los representen bien, luchando por ellos y no temblando ante una izquierda demoledora. España ha dado el claro ejemplo con Vox, siendo un partido que defiende la vida, la familia, la libertad y su historia. Ellos se animaron y dieron el paso en 2013. Dos años más tarde prácticamente no sacaron votos y no ganaron ningún escaño en el congreso. Seis años más tarde consiguieron más de 3.600.000 votos y ser la tercera fuerza en España. Sin un inicio fácil, pero con las metas claras, enfrentando el verdadero flagelo que es la izquierda y el separatismo Catalán, buscando reunificar a España y devolviendo la esperanza al ciudadano que ama su patria, lograron lo que para América Latina parece que nunca llegará. Pero mientras hallan ciudadanos comprometidos y dispuestos a devolverle la dignidad a su nación, la esperanza vivirá en cada uno que sueñe con la restauración de los valores que hicieron grande a su patria. Sin lugar a dudas debemos mirar al viejo continente y aprender de Vox que hasta el momento su trabajo está teniendo grandes logros en un país donde la izquierda se hizo fuerte en los últimos años y que va por todo.

Fuente: prensarepublicana.com

Un anillo para gobernarlos a todos. La maldad pura detrás de la ONU.

viernes, diciembre 13, 2019 0
Un anillo para gobernarlos a todos. La maldad pura detrás de la ONU.

No es política, no es ideología, mucho menos es una “cortina de humo”, no: lo que hoy estamos viendo imponerse es una especie de nueva religión secularizada, un credo universal de sustitución, una suerte de fe ciega que aspira a apoderarse de los cuerpos y las almas. Y lo está consiguiendo tanto por la persuasión como por el miedo. Violencia de género. Emergencia climática. Esos son, de momento, los nombres del credo nuevo. Arrepentíos, pecadores.

Era lo que le faltaba al mundo global para tomar realmente cuerpo: una ideología global, una fe única, una “religión verdadera” que pudiera imponerse sobre las conciencias en nombre, por supuesto, de nuestra redención. Porque eso era lo que se precisaba, ¿no? Un nuevo horizonte apto para todos los pueblos, todas las naciones, todas las culturas. Una nueva referencia universal. La destrucción del viejo orden católico había dejado un vacío inmenso. En el siglo XX dos nuevas “ideologías universales”, como las llama Hannah Arendt, trataron de llenar el hueco: la lucha de razas, que terminó entre las ruinas de Berlín en 1945, y la lucha de clases, que terminó también en Berlín, pero bajo los cascotes de un muro, en 1989. ¿Qué otra ideología buscar? ¿El Mercado? Lo intentaron, pero es difícil construir una promesa de redención sobre el ideal del egoísmo. Así amaneció el mundo posmoderno: muertos todos los credos, afloraba un paisaje absolutamente fragmentario y caótico donde todo valía lo mismo, luego nada valía realmente nada. Resultaba divertido, sí, pero ¿cómo gobernar eso?

Un anillo para gobernarlos a todos

En efecto, ¿cómo construir un poder de ambición planetaria sobre una humanidad fragmentada de tal manera? ¿Cómo forjar un anillo para gobernarlos a todos? Y entonces alguien tuvo la idea de armar nuevas luchas universales que trascendieran las viejas y engorrosas fronteras de los Estados-nación y las identidades culturales, siempre tan molestas. No fue el pueblo quien las inventó, no: ha sido el poder el que ha definido estas nuevas guerras, tanto más universales y transversales cuanto más abstractas. Guerras válidas para todo el mundo porque no oponen a sujetos concretos en campos definidos por un interés material directo (franceses contra alemanes, ricos contra pobres, blancos contra negros, qué sé yo), sino que

Sitúan el antagonismo en conceptos ideales, indeterminados (el “hombre” y la “mujer”, el “clima”, etc.).

sitúan el antagonismo en conceptos ideales, indeterminados (el “hombre” y la “mujer”, el “clima”, etc.), cuyo dibujo material sólo aparece a posteriori. Conceptos tan universales, tanto, que en realidad carecen de significado material, pero justamente en eso reside su fuerza… emocional.

Primera guerra universal y transversal: la de los hombres contra las mujeres. ¿Acaso no hay en todas partes algunos hombres que matan a algunas mujeres? Pocas cosas más fáciles de visualizar. La izquierda andaba buscando desesperadamente nuevos sujetos revolucionarios desde la desaparición del proletariado. Lo intentó con las minorías étnicas y con los pueblos oprimidos, pero estos sujetos tienen el inconveniente de que la revolución termina y lo que sale de ahí pocas veces es edificante. Por el contrario, la guerra de sexos no terminará nunca, pues siempre habrá contendientes a los que enfrentar, personajes para construir un relato interminable, infinito, que siembre la semilla de la discordia en el corazón del género humano. La juez Pilar Llop, hoy presidenta del Senado en España, lo ha expresado con un candor inigualable: “Una democracia en la que la mitad de la sociedad [los hombres] vierte violencia sobre la otra mitad [las mujeres] no es una democracia”. Se lo dijo al diario El País en una entrevista de diciembre de 2018. Ahí, en esa fórmula, está todo: dos sujetos indeterminados de extensión universal se hallan en guerra eterna. Por supuesto, la objeción de principio es evidente: salga usted a la calle y dígame dónde ve esa violencia derramada, al margen de un número determinado de casos concretos que, proporcionalmente, no dejan de ser minoritarios. Pero esto es lo de menos: lo que importa es la construcción de un relato capaz de movilizar conciencias en un tiempo de conciencias dormidas.

Segunda guerra universal y transversal: la de la humanidad contra el clima. ¿Acaso no es cierto que vivimos un periodo de calentamiento? ¿Acaso no es cierto también que estamos ensuciando el mundo hasta más allá de lo razonable? Helo aquí: luchemos todos juntos —y en unión— por un gigantesco cambio de las condiciones de producción, de tal modo que detengamos la marcha del cosmos hacia el Apocalipsis. El capitalismo global buscaba desde mucho tiempo atrás un argumento que le permitiera obrar ese prodigio: una gigantesca acumulación de capital como no se veía desde los tiempos de la posguerra para afrontar una nueva revolución industrial. Aquí lo ha encontrado. Y apenas nadie osará levantar la voz, porque la ira del dios Clima será terrible.

Más allá de todo debate racional, la “Calentología” se ha convertido en una especie de Iglesia. Su profeta: el exvicepresidente americano Al Gore. Sus Escrituras: los informes del Panel Internacional de la ONU. Sus doctores: los científicos y técnicos de ese Panel. Sus predicadores: los medios de comunicación que transmiten, frecuentemente exagerándolas, las predicciones del apocalipsis climático. Su mesías: la santa niña Greta, que camina sobre las aguas a bordo de un catamarán señalando el camino de la redención y amenazando a los pecadores. Sus penitentes y flagelantes: los “activistas” que se manifiestan por las calles asaltando tiendas, imbuidos de un poderoso sentimiento de superioridad moral, y llamando a la universal conversión. El Paraíso prometido: la Tierra, nada menos. “Seguidme y heredaréis la Tierra, que de otro modo perecerá.” Eso es estrictamente lo que nos están diciendo. Es un fenómeno impresionante: una religión para los tiempos de la muerte de la religión.

La destrucción del mundo racional

Lo que hace de estos nuevos dogmas una religión, más que una ideología, es su estructura. Para empezar, se presentan como axiomas más allá de toda duda: como son afirmaciones cargadas de contenido moral (“defender a las mujeres”, “salvar a la humanidad”), no es posible plantear el menor debate sin convertirse inmediatamente en sospechoso. “Sólo un puñado de fanáticos sigue negando la evidencia”, decía hace poco Pedro Sánchez a propósito de la emergencia climática. Pero ¿qué evidencia? El procedimiento racional convencional se basa en someter una hipótesis a prueba para verificarla o refutarla, pero aquí no cabe eso: la mera petición de un debate contradictorio ya es causa de expulsión a los infiernos, como le sucedió al meteorólogo jefe de France Télévisions, Philippe Verdier, cuyo libro Climat investigation le valió (octubre de 2015) que le echaran del trabajo. Porque esto no es ciencia. Es otra cosa. ¿En qué campo está realmente el fanatismo?

Segundo elemento estructural que hace de todo esto una religión: la obligación de acatar el credo completo, en todas sus partes, sin opción de análisis parcial. Por ejemplo, si estuviéramos ante una discusión puramente racional, uno podría perfectamente condenar la violencia contra las mujeres, pero, al mismo tiempo, discutir que se trate de “violencia de género”, es decir, una violencia ejercida sobre las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. También por ejemplo, en un plano puramente analítico, uno podría estar de acuerdo en que las emisiones de CO2 son esencialmente nocivas, pero, al mismo tiempo, discutir la validez universal de los modelos de simulación informática empleados para predecir el apocalipsis climático. Pero aquí no cabe nada de eso: hay que coger el credo completo, del mismo modo que nadie podría seguir llamándose cristiano si rehusara acatar, por ejemplo, tres de los diez mandamientos. Integrismo climático, integrismo de género.

El tercer elemento es, por supuesto, el pecado y el pecador. Dado que estamos ante axiomas que hay que aceptar más allá de toda duda, dado que son afirmaciones cargadas de contenido moral y dado que la Verdad hay que aceptarla en su conjunto, toda disidencia queda necesariamente convertida en mancha moral, en transgresión, en culpa. Discrepar no es un error, es un pecado. El descreído no es alguien que esté equivocado, es un infiel, un apóstata que debe ser excluido de la comunidad. En efecto, la potencia emocional de la Verdad revelada es tan intensa que sólo una mala persona —machista, racista, etc.— puede hurtarse a sus bondades. Hay miles de científicos que discrepan de los análisis del Panel de la ONU sobre cambio climático, pero de inmediato se les retira tal condición, porque ¿cómo puede seguir llamándose científico alguien que no reconoce la Verdad revelada por “la ciencia”? Hay miles de juristas que consideran que la ley española de violencia de género es sustancialmente injusta, pero de inmediato su estatuto de jurista queda sepultado por esa mancha moral, pues ¿cómo puede seguir llamándose jurista alguien que discute la “Justicia” por antonomasia?

Los nuevos doctores de la ley, los alfaquíes de la nueva religión, han inventado un término para estos pecadores: “negacionista”, concepto extraído de la polémica sobre el genocidio judío y que ahora se aplica a quienes disienten del credo ortodoxo. Es, una vez más, un concepto cargado de fondo moral: Mefistófeles, el demonio del Fausto, es “el espíritu que todo lo niega”. Negar la verdad suprema del clima o del género es una actitud propiamente diabólica, merecedora de las más severas condenas: el silencio, la exclusión, el linchamiento público. Ha nacido una nueva Inquisición.

Y así murió la izquierda

Hay comentaristas que dicen que en realidad estamos ante un nuevo disfraz de la vieja izquierda para alcanzar sus sueños revolucionarios. Como la izquierda ha sido la primera en subirse al carro de la violencia de género y la emergencia climática, la vinculación parece transparente. ¿Acaso la santa niña Greta no ha hecho girar su discurso hacia la fusión de todas estas cosas? “Los sistemas coloniales, racistas y patriarcales de opresión han creado y alimentado la crisis climática. Necesitamos desmantelarlos a todos”, escribía Greta con las activistas Luisa Neubauer y Ángela Valenzuela (Project Syndicate, 29.11.2019). El planteamiento es falso (de hecho, el primer contaminador mundial sigue siendo, y con diferencia, China), pero eso ya da igual: he aquí un banderín de enganche emocional para que todas las reivindicaciones de género, de etnia y de lo que sea, se unan frente al demonio, por supuesto macho y blanco, bajo la bandera común de la fe climática.

Izquierda, pues. Pero, en realidad, ¿de qué izquierda estamos hablando?

Lenin dijo aquello de que “los burgueses nos venderán la soga con la que los ahorcaremos”. Hoy el capitalismo transnacional podría decir lo mismo respecto a la izquierda, porque todas estas nuevas religiones políticas sólo benefician, en realidad, al orden económico vigente. Cambiarán sin duda los medios de producción y el perfil de la producción, pero la propiedad no cambiará de manos, al revés. En rigor, todas estas reivindicaciones de corte feminista, climático, etc., sólo benefician al orden económico mundial. Un solo ejemplo: para el sistema de producción y consumo,

Seis solteros son mucho más rentables que una familia tradicional de seis miembros, al menos a corto plazo, porque producen más y consumen más.

seis singles son mucho más rentables que una familia tradicional de seis miembros, al menos a corto plazo, porque producen más y consumen más. Desde el punto de vista de la izquierda tradicional, cuyo horizonte teórico ha sido siempre la protección de las clases desfavorecidas frente al poder, las reivindicaciones climáticas o “de género” tienen una significación muy limitada. Pero esa izquierda, al parecer, ya ha muerto definitivamente. Lo que ahora tenemos en esa orilla es un millonario que mira despectivo al pueblo y le llama “fascista” desde lo alto de sus privilegios.

¿De verdad alguien cree que estamos ante un movimiento de resistencia frente al poder, ante una nueva versión de los “parias de la tierra” (hoy, parias del clima) insurrectos frente a la explotación? Basta ver quién financia la European Climate Foundation, organización (por supuesto, “no gubernamental”) clave en esta guerra y fábrica del fenómeno Greta Thunberg. Son Bloomberg Philantropies, del magnate norteamericano Michael Bloomberg, la Rockefeller Brothers Found, el fondo británico TCI (The Children’s Investiment Fund Management), las fundaciones Hewlett y Packard (del gigante de la electrónica Hewlett-Packard), el Fondo de Arcadia Capital Partners, etc. O sea, los parias de la tierra.

Por otro lado, ambas guerras universales, la de género y la climática coinciden en una cosa: sólo el poder es capaz de resolver el problema. Y además, ha de ser un poder global, transnacional, muy por encima del alcance de las viejas democracias nacionales. Son guerras de carácter tan extenso, tan enorme, tan inabarcable en su dimensión planetaria, que por naturaleza exigen la intervención de un poder omnímodo y cuanto más transnacional y coercitivo, mejor; la única opción de la persona singular es bajar la cerviz y someterse a lo que diga el mando invisible del mundo globalizado. De nada sirve la oposición individual, la resistencia personal, la objeción de conciencia: la magnitud del desafío es tan poderosa que sólo cabe el acatamiento, y lo que está en juego es tan alto —la humanidad, nada menos— que cualquier disidente queda de inmediato condenado como blasfemo, como apóstata, bajo el infamante sambenito de “negacionista”. Es, cabalmente hablando, un nuevo totalitarismo.

"Racional" es la palabra clave: frente al magma emocional de las religiones globales, alzar esa vieja razón europea que analiza y disecciona.

Al final, en esto como en otras cosas del mundo global, la única instancia eficaz de resistencia, el último baluarte frente a esta especie de Moloch abstracto, es la apelación a las realidades concretas, a los espacios donde es posible decidir al margen del poder mundial: las personas, las familias, las identidades culturales, las naciones, los espacios políticos visibles y gobernables, donde todavía puede hacerse realidad la voluntad ciudadana sobre una idea racional del bien común. “Racional” es, en este contexto, la palabra clave: frente al magma emocional de las religiones globales, alzar esa vieja razón europea que analiza y disecciona. Si no, estamos perdidos.

Autor: José Javier Esparza
Fuente: rebelionenlagranja.com

jueves, 12 de diciembre de 2019

Iglesia de la Calentología por Jesús Laínz

jueves, diciembre 12, 2019 0
Iglesia de la Calentología por Jesús Laínz

Un buen día, a mi admirado Forrest Gump se le ocurrió echar a correr. Y como les suele suceder a los tontos, obsesivos por naturaleza, le cogió tanto gusto que siguió, y siguió, y siguió, y siguió... Por el camino se le fueron sumando adeptos. El primero de ellos confesó secundarle porque, al verle correr de costa a costa, díjose para sí:

–Aquí hay alguien que tiene las cosas claras, alguien que tiene la respuesta, así que le seguiré hasta donde sea.

Tras aquel primer discípulo, se le fueron sumando muchos otros. Pero un día, en medio del desierto de Utah, tres años, dos meses, catorce días y dieciséis horas después de haber comenzado su carrera, Forrest se detuvo.

–¡Silencio, silencio! Va a decir algo –ordenó uno de los seguidores.

–Estoy cansado. Me voy a casa –anunció con débil voz el maestro.

Y tras el primer estupor, preguntáronse angustiados:

–Y ahora, ¿qué hacemos nosotros?

Al pobre Brian le ocurrió algo parecido cuando empezaron a perseguirle las turbas exigiéndole que les explicara el secreto de la vida eterna, con lo que comenzó el culto a la Santa Alpargata en apretada competencia con el de la Sagrada Calabaza de Jerusalén, lo que desembocaría en su crucifixión ante la cómplice presencia del Frente Popular de Judea, batallón suicida.

Moraleja: el ser humano siempre será el mismo borrego necesitado de rebaño, el mismo débil ansioso de certezas, el mismo fanático presto a la agresión. La esencia es siempre la misma; sólo cambian los detalles.

En estos días, medio mundo está pendiente de en qué punto del Atlántico se encuentra el velero en el que unos padres incalificables han embarcado a la niña mesías que se ha encarnado entre nosotros para traernos la buena nueva. Ni es científica, ni posee ningún conocimiento extraordinario, ni ha sido elegida por nadie, y ni siquiera tiene la edad suficiente para saber de lo que habla, pero toda la progresía mundial escucha embobada las letanías que salen de sus infantiles labios. "¡Dejad que la niña se acerque a nosotros!", claman los discípulos invirtiendo la frase bíblica.

Al borde de la extinción las viejas creencias, la nueva Iglesia de la Calentología ha irrumpido muy oportunamente para colmar los corazones afligidos. Muchos millones se sienten reconfortados con la recién estrenada fe y felices de formar parte de la grey de los elegidos. ¡Y pobre del hereje que no comulgue con las nuevas ruedas de molino, porque será señalado, ridiculizado, desterrado, abominado, condenado y arrojado a los fuegos eternos del fascismo! Pero que se anden con ojo los clérigos calentólogos en su afán de dominar la escena neorreligiosa, pues si el fanatismo de los seguidores es la mejor garantía de solidez de una fe, se les avecina una dura competición con la pujante Iglesia Feminista, provocadora de un histerismo de agresividad difícilmente superable.

Pero, regresando a las cosas del calentón, sigue sin estar claro esto del cambio climático por mano humana. Empezando por la notable hipocresía que invalida su denuncia. Porque es evidente que tanto los izquierdistas como los derechistas se distinguen por su desarrollismo y limitan la preocupación ecologista a poco más que retórica electoralista. Sin duda, lanzan hermosas declaraciones sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente, pero las iniciativas verdaderamente eficaces suelen quedar en casi nada, mientras que ningún partido, ni de un lado ni del otro, puede imaginar replantearse el intocable dogma del crecimiento perpetuo.

Por otro lado, esa izquierda que con tan altas voces proclama su superioridad moral también en asuntos ecológicos nunca conseguirá ocultar que las políticas ambientales más catastróficas se llevaron a cabo en los países socialistas, con la URSS de Chernóbil a la cabeza. Pero la falacia izquierdista sigue funcionando, y ahí está el fenómeno Gore-Thunberg, mascarones de proa del ecoprogresismo actual, para probarlo.

Pero vengamos brevemente al dogma calentológico omnipresente en nuestros días. Porque no hace falta ser científico para advertir que en el último medio siglo el planeta se ha calentado. Pero ese periodo de tiempo es irrelevante, pues el clima nunca deja de cambiar. La Edad Media, por ejemplo, fue un periodo más cálido que el actual, bautizado por los científicos como Óptimo Climático Medieval. También es notorio que desde finales del siglo XVIII, momento en el que concluyó lo que los científicos han llamado Pequeña Edad de Hielo, comenzada en torno al siglo XV, el planeta se ha ido calentando paulatinamente. Hay viejas fotografías que demuestran que el glaciar del Ródano terminaba a mediados del siglo XIX varios cientos de metros más abajo de su posición actual. Lo mismo ha sucedido con los glaciares pirenaicos y los del Himalaya. Lo interesante del dato es que ese retroceso ya era visible hace doscientos años, cuando aún no había comenzado la revolución industrial.

Por eso es necesario ser prudentes al proclamar verdades científicas incontestables, pues pocos años bastan para que pasen a ser archivadas como errores superados. Recuérdese, sin ir más lejos, el consenso científico mundial que en los años setenta alertaba sobre la inminencia de una nueva glaciación. Y por eso no parece sensato negar una tendencia al calentamiento por motivos cósmicos, ajenos a la influencia del hombre.

Pero está claro que acusando al sol no se consigue ni agitar a las masas ignorantes, ni acumular honores planetarios, ni recibir subvenciones millonarias ni dirigir sectas políticas.

Fuente: elmanifiesto.com

Es una revolución por Axel Kaiser

jueves, diciembre 12, 2019 0
Es una revolución por Axel Kaiser

El 14 de julio de 1789, en Paris, luego de torturar, asesinar y decapitar a su custodio principal, la turba se tomaba la Bastilla, mítica prisión y símbolo del poder real. Mientras ello ocurría, Luis XVI se encontraba de cacería en las tierras cercanas a Versalles. En su diario, el rey apenas alcanzaría a escribir ‘nada’ -aludiendo a que no había conseguido presa alguna-, cuando un desesperado mensajero irrumpió en la habitación exclamando: ‘¡Su majestad, han tomado la Bastilla!’ ‘¿Es una revuelta?’ preguntó este con ingenuidad. ‘No’, contestó el mensajero, ‘es una revolución’.

Luis XVI nunca fue capaz de entender lo que enfrentaba. Como a muchos, a él le parecía inconcebible la idea de que la monarquía pudiera estar en peligro. Esa negación de la realidad fue lo que terminó costándole la vida a la monarquía, a él, a su familia y a casi 160 mil personas según cifras que han calculado algunos historiadores. Además del colapso total del orden público, la revolución fue capturada por los extremistas jacobinos, quienes llevaron a cabo no sólo la demolición y refundación de todo el orden social y económico francés, sino el régimen del terror, cuyas primeras víctimas fueron los partidarios moderados de la revolución.

Finalmente, incluso los líderes jacobinos serían guillotinados, pues la Reacción de Termidor para frenar los excesos fue similarmente violenta. Tras años de violencia, cambios constitucionales y caos social y económico creado en nombre de la igualdad y la fraternidad, Francia terminó liderada por un dictador militar, Napoleón Bonaparte, el único capaz de imponer orden a sangre y fuego.

“hoy, luego de haber entregado todo, parece no entender que lo que enfrentó no fue una simple revuelta, sino un intento de derrocarlo llevado a cabo por la versión criolla de los jacobinos.”

Aunque hay galaxias de distancia entre ese episodio y lo ocurrido en Chile, no deja de ser interesante observar algunas similitudes para entender mejor el proceso en curso. De partida, tuvimos un Presidente perdido, quien, a la Luis XVI, celebraba un cumpleaños en un restaurante mientras Santiago ardía. Y hasta hoy, luego de haber entregado todo, parece no entender que lo que enfrentó no fue una simple revuelta, sino un intento de derrocarlo llevado a cabo por la versión criolla de los jacobinos.

En segundo lugar, cual girondinos, la derecha chilena se subió, aunque a medias, a la causa refundacional, sin entender que la puerta que abrió con la nueva Constitución no tiene vuelta atrás y que ellos mismos, probablemente, terminarán tragados por el desorden de un monstruo que no podrán controlar. Una razón es que, si la violencia logró imponer una refundación del orden institucional chileno, es razonable pensar que podrá inclinarlo en la dirección que grupos extremistas anhelan, especialmente si se tiene presente que Chile es un Estado fallido cuando de orden público se trata.

Una tercera similitud que podríamos analizar es la imposibilidad de los radicales de hoy de controlar el proceso de desborde que han justificado. Los mejores ejemplos los dieron el activista principal del asambleísmo jacobino, quien se ha quejado amargamente de la toma de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, donde trabaja, y la ex candidata presidencial del chavismo chileno, tratada de ‘traidora’ por facciones extremas que creía representar.

Por último, vale la pena destacar el entusiasmo que la burguesía y sectores acomodados mostraron en los primeros momentos de la revolución francesa, cuando se reformaba constitucionalmente la monarquía. En esos momentos todo parecía encontrarse bajo control, y las promesas originales de evolución y no de revolución asomaban como el único camino posible. Qué equivocados estaban.

Fuente: fppchile.org


sábado, 7 de diciembre de 2019

El vacío por Jorge Gómez

sábado, diciembre 07, 2019 0
El vacío por Jorge Gómez

Giovanni Sartori decía que se tiende a olvidar que la democracia es un sistema de gobierno y que cuando se descuida aquello, se la empeora e incluso se pone en peligro su funcionamiento. Lo planteado por el pensador italiano se enmarcaba en su cuestionamiento a lo que denominaba negativismo simplista, propio de generaciones que conciben la crítica a todo como un fin en sí y que, además, presumen tener respuestas únicas, sencillas y claras para cada asunto. Sartori decía que la mezcla entre ese negativismo y el infantilismo de las fórmulas mágicas podría poner en serio riesgo el orden político democrático.

Los acontecimientos que en los últimos días hemos podido apreciar en Chile conllevan una multiplicidad de expresiones, entre las cuales también se encuentra una especie de desdén normativo que menosprecia todo lo existente, incluso en términos institucionales, como si aquello fuera del todo inútil o inmoral. Incluso legisladores y alcaldes electos bajo las normas vigentes parecen haber dejado de creer en ellas de un día para otro, ahí está el alcalde Jorge Sharp llamando abiertamente a no respetar la constitución.

“De la frase las instituciones funcionan parece que pasamos a las instituciones no importan. “

De la frase las instituciones funcionan parece que pasamos a las instituciones no importan. El necesario justo medio, tan necesario desde un punto de vista político, no se asoma ni por si acaso en medio de la fogata donde se aglomeran muchos que parecen soñar con quemarlo todo. Y esto no se trata de que hacer prevalecer un criterio de razonabilidad se convierta en un mecanismo de defensa del status quo, que siempre puede ser reformado, sino que se trata de que sea el dique para evitar el reino de la arbitrariedad, tan visible en la violencia sustraída a toda norma de los encapuchados.

En paralelo, los mismos que desdeñan de todo lo existente parecen tener el secreto para resolver de sopetón las pensiones, la salud, los sueldos, todo lo que nos aqueja. La panacea de un futuro mejor, ambiguamente dilucidado en función del rechazo al presente y en función de los deseos, permite que la respuesta constituyente tome fuerza dentro de ese afán de transformación. Pero hasta el momento eso ha sido pura expresión de voluntarismo que se expresa en un enigmático: lo que la gente quiera.

Es claro que muchos quieren propiciar un proceso social y político que esté fuera de todo marco, sin considerar lo que ello podría implicar en términos estrictos para la democracia. Es como si frente a un abismo que se quiere cruzar, algunos quisieran hacerlo precipitadamente y a como dé lugar sin tener nada a lo cual aferrarse y sin importarles cuántos caen de pasada en su intento. Quizás estos personajes presumen que sus propios marcos de referencia, su propia presumida alta moral, son suficientes para que todo tenga una cauce prácticamente idílico. Pero eso es obviar el rol esencial que cumplen los marcos institucionales en los procesos de cambio en una sociedad y sobre todo en su desarrollo. El modo en que evolucionan las instituciones es un reflejo, como decía el Nobel de Economía Douglass North, «del sistema de creencias que ponen en práctica los jugadores»[1]. Pero ¿qué sistema de creencias prescinde de las instituciones de forma tan baladí?

Es claro que una parte de la izquierda quiere conformar su idea de un poder constituyente mediante dos procesos simultáneos que parecen disímiles, pero que esconden una misma pretensión: subvertir todo orden y criterio para hacer imperar un poder popular sin límite alguno. Esto, en términos estrictos se traduce en liberar de toda traba, escrúpulo y criterio todas las fuerzas posibles, lo que a la larga solo da paso a la violencia como criterio de dominio. Obviamente, ninguna sociedad se sostiene bajo esos criterios ni puede establecer criterios de lo justo. Lo que obviamente espera esa parte de la izquierda que busca desatar el caos, es poder canalizar tales fuerzas bajo su dominio, primero bajo la suposición de comprender y representar los orígenes de este, apelando a la rabia acumulada; y luego bajo la excusa de ser ellos y no otros, en tanto verdaderos representantes de esa indefinida masa que demanda cambios, los únicos capaces de gobernar y calmarla.

En el fondo, lo que se busca es generar un vacío de poder absoluto, bajo la presunción de que ellos lo pueden llenar de mejor forma. En ese afán buscan deshacerse de cualquier marco institucional adverso. Entonces, ya no es el problema solo el gobierno, sino el sistema completo. Como ironía, el trazado es similar al que la izquierda, convenientemente desmemoriada en muchos casos, intentaba generar desde mediados de los años sesenta en Chile. No hay que olvidar que en esa época, una parte importante de ella desdeñaba del orden democrático e institucional pues lo consideraban, al igual que ahora, un orden en todo sentido injusto, que había fallado, que solo servía a los ricos y por tanto que no admitía reformas sino el ser desmantelado completamente. En ese afán fueron sistemáticamente intentando horadar las bases institucionales de la democracia de la época, por dos vías, la insurreccional y la de los resquicios legales. Con ello contribuyeron a llevar a la democracia chilena directamente al matadero, tal como lo advirtió Radomiro Tomic en 1973. Y todos sabemos cómo terminó ese maximalismo destructivo.

Hoy, en un afán similar al descrito anteriormente, varios parecen dispuestos a llevar a la democracia a las máximas tensiones contraponiendo marcos extrainstitucionales como forma de resolver las discrepancias. Bajo una idea distorsionada de lo que es la Política, comienzan a abrir paso a la anti política, que es la que dio sustento a todo los sistemas totalitario en el siglo XX. Ahí está la arbitrariedad de los nazis y bolcheviques contra todo aquel que se interpusiera en sus afanes.

“Olvidan que la certeza jurídica es un elemento esencial para garantizar el desarrollo de los países, la prosperidad de todos los ciudadanos y para conformar instituciones adecuadas cuando se hace necesario.”

El espíritu antipolítico se ve reflejado en el desdén y baja disposición, de parte de diversos actores, a abrir canales institucionales para resolver la crisis política e impulsar reformas profundas en la sociedad. El problema de esto es que los límites de lo admisible se tornan cada vez más difusos para diversos actores que asumen que su arbitrariedad es expresión de un supuesto consenso. Entonces, bajo esa dinámica se puede pasar fácilmente de la barricada al linchamiento, al enfrentamiento, a las detenciones arbitrarias, y así sucesivamente. Olvidan que la certeza jurídica es un elemento esencial para garantizar el desarrollo de los países, la prosperidad de todos los ciudadanos y para conformar instituciones adecuadas cuando se hace necesario. En ese sentido «Las consecuencias de esta inestabilidad política sin precedentes para los incentivos y las instituciones económicas deberían ser evidentes»[2] pues en entorno inestables, no solo no hay certezas jurídicas ni derechos de propiedad bien resguardados que permitan establecer instituciones más justas, sino que se termina por generar instituciones aún más extractivas, pues diferentes grupos simplemente se dedican a luchan por beneficiarse de esa lógica del saqueo en torno a un sistema de reglas debilitado.

“Del únete al baile podríamos estar pasando al únete al baile, obligatoriamente.”

Lo triste de lo anterior, es que en nombre de la democracia se comienzan a derrumbar sus fundamentos más esenciales, que son de índole simbólica y ética. La argumentación pierde sentido frente a la primacía de las pasiones y la emocionalidad más radical que se impone a punta de gritos. La legítima diferencia de opiniones o perspectivas es reemplazada por la imposición y el desprecio contra los disidentes. Entonces, la noción de lo que es democrático se subvierte tras nociones más propias del tribalismo donde el libre examen y la autonomía de los individuos es puesta en dudas por la multitud. Muchos dirán que se exagera al colocar atención a estos fenómenos, pero en función de este tipo de acciones, las sociedades pueden entrar no solo en un espiral del silencio sino también en dinámicas totalitarias. Del únete al baile podríamos estar pasando al únete al baile, obligatoriamente.

¿Qué tipo de debate político se puede generar a partir de la predominancia de ese tipo de espíritus? ¿Qué clase de pluralismo, tolerancia y diálogo se puede garantizar en torno a un debate constitucional, si incluso en espacios como las redes sociales no existe el más mínimo criterio democrático ni el más mínimo sentido institucional?

Algunos no están entendiendo es que la Política no puede fundarse en la moral de la pandilla[3]. Los vándalos que impulsan la violencia como mecanismo de acción política, se alimentan de eso y ganan terreno derrotando a la Política en todo sentido. Ningún cambio es viable en ese terreno donde se prescinde de las instituciones, sobre todo políticas, pues estas «reducen la incertidumbre creando una estructura estable de cambio». [4]

Resulta paradójico que algunos, al mismo tiempo que validan la violencia como expresión política, olvidan el modo en que se siembran los caminos hacia la tiranía. Porque la turba liberada de todo criterio, muy bien expresado en el linchamiento, no da paso al imperio de la Justicia sino de la arbitrariedad. La Justicia es un sistema de reglas, no es posible conformarla en medio del atropello. Y de eso no sale nada bueno sino que nacen los tiranos de cualquier color. Muchos azuzan esos vientos de forma ingenua o abiertamente irresponsable bajo la presunción de que así harán crecer la democracia. Pues no, así están derrumbando sus cimientos más esenciales, que no radican en un papel escrito ni en un sistema electivo, sino en la forma que los individuos conciben el debate público.

Es en este contexto donde se hace aún más relevante el tema de las ideas y principios que se promueven. Porque como decía Epicteto: «lo que perturba y alarma al hombre no son las cosas sino sus opiniones y figuraciones sobre las cosas». Porque las ideas que prevalezcan, en cuanto a las actuales exigencias, determinarán el carácter de los nuevos incentivos y oportunidades, y con ello, si el cambio institucional será gradual, pacífico, sin altos costos y por tanto beneficioso para todos en corto y largo plazo. La disputa concreta y real es en torno a quienes o qué principios construyen una sociedad justa en serio. Para eso, es necesario no sólo promover normas formales en cuanto a la democracia y el estado de derecho, sino el promover fuertemente principios y limitaciones democráticas, que contribuyan a la promoción de una sociedad democrática, pluralista, justa y abierta. Pero eso no se conforma en el aire sino que depende de los principios que cada uno profesa en cada espacio. Los demócratas en serio deberían recordar que «cuando las ideas son descuidadas por los que debieran preocuparse de ellas —es decir, por lo que han sido educados para pensar críticamente sobre ideas—, éstas adquieren a veces un carácter incontrolado y un poder irresistible sobre multitudes de seres humanos que pueden hacerse demasiado violentos para ser afectados por la crítica de la razón».[5]

El problema es que lo que muchos presumen como una subversión contra “el modelo” o el orden constitucional vigente, en realidad toma los ribetes de una rebelión contra la Política en sí, esa con mayúsculas. Eso no instaura la justicia, ni verdaderas democracias, ni entrega más poder al pueblo. Más bien lo disuelve y lo somete al reino de la arbitrariedad fuera de todo marco que efectivamente disuelve al pueblo. Ese es el terreno fértil para los caudillos, los populistas y los déspotas. En estos tiempos, muchos parecen no ver el riesgo de pasar de una supuesta docilidad servil a la desarreglada licencia que, como diría Andrés Bello[6], se rebela contra la autoridad de la razón y contra los más nobles y puros instintos del corazón humano.

Fuente : fppchile.org


[1] North,
Douglass C. (2000). La Evolución Histórica De Las Formas De Gobierno. Revista
De Economía Institucional
2 (2), 133-48. https://revistas.uexternado.edu.co/index.php/ecoins/article/view/300.

[2] Acemoglu, A. y Robinson, James A. (2012). Por
qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza
.
Deusto. 47.

[3] Camus, A. (1953). El Hombre Rebelde, Editorial
Losada. Argentina.

[4] North,
Douglass C. (2000). Instituciones, cambio institucional y desempeño
económico
. Fondo de Cultura Económica. México. 71.

[5] Isaiah, B. (2005). Dos conceptos de
libertad y otros escritos
. Alianza Editorial. Madrid.

[6] Bello, A. (1843). Discurso pronunciado en
la instalación de la Universidad de Chile
. El Araucano. Disponible en: http://www.uchile.cl/portal/presentacion/historia/4682/discurso-inaugural

La generación de la queja por José Luis Trevia

sábado, diciembre 07, 2019 0
La generación de la queja por José Luis Trevia

Nacieron y vivieron en un Chile que ya había abrazado la democracia. La dictadura había quedado atrás y el país comenzaba a mostrar luces de bienaventuranza. El modelo de desarrollo comenzaba a ofrecer sus logros, conjuntamente, a la consolidación democrática. Ello nos llevó a exhibir estos estándares: se redujo la pobreza del 44% al 8% según la encuesta Casen 2017, logró una cobertura de educación secundaria de 80,1% siendo líder regional y ostentar a más de 1.250.000 estudiantes en educación superior, el aumento en la esperanza de vida a 80 años promedio, redujo la desigualdad en base al Gini de 0.57 en 1989 a 0.46, el índice de desarrollo humano (IDH) de 0.843 en calidad de muy alto y que mide variables como la mortalidad infantil, tasa de alfabetización, entre otros.

“Debemos comprender que estos últimos 30 años han sido de un progreso sin precedentes en la historia de Chile, en las más diversas variables”.

Debemos comprender que estos últimos 30 años han sido de un progreso sin precedentes en la historia de Chile, en las más diversas variables.

La cuna de esta generación fue el progreso alcanzado por Chile. No batallaron contra la dictadura por recuperar la democracia, ni se arremangaron para con sangre, sudor y lágrimas, alcanzar una mejor calidad de vida al alero de un país que a punta de esfuerzo crecía como nunca antes. Todo eso conformó la cuna de esta generación, todo estaba allí para recibirlos.

Esta generación, en cambio, se ha caracterizado por la queja y la violencia. Han institucionalizado los paros en las universidades –casi asumiéndose como parte del año académico- prefiere las redes sociales al interactuar en sociedad o al deporte (basta ver las altas tasas de obesidad infato-juvenil). Esta es la generación que concentra a la módica suma de 528.000 jóvenes que no estudian ni trabajan según Actitud Lab. Los famosos “ninis”. Jóvenes de entre 15-29 años que no están haciendo prácticamente nada ni por ellos, ni por sus familias, ni por el país.

¿Habría sido posible este fenómeno en un país pobre? Absolutamente no, sería imposible mantener a tanto joven frustrado que esparce su verdad por redes sociales y que supuestamente nadie lo entiende, por favor, sean serios alguna vez. ¿Es Chile un país rico entonces? Claro que no, pero está lejos de ser un país sumido en la pobreza como muchas veces se quiere ver.

Un país quemado, saqueado y destruido, en gran parte por la generación de la queja, es algo que no podemos seguir permitiendo. Se tiene que acabar el beneplácito de los padres a estos hijos que solo le causan perjuicios a Chile y ponerle fin a la beatería juvenil como diría Carlos Peña. Asuman sus errores y colaboren con levantar un Chile desolado y desesperanzado, solo así realmente podrán contar a las generaciones siguientes su “legado”.

Fuente: fppchile.org

viernes, 6 de diciembre de 2019

¿Cómo mejorar las pensiones en Chile? por Bernardo Fontaine

viernes, diciembre 06, 2019 0
¿Cómo mejorar las pensiones en Chile? por Bernardo Fontaine

¿Cómo mejorar las pensiones en Chile? ¿Son la pensiones un derecho de propiedad? Éstas y otras preguntas son abordadas por el economista Bernardo Fontaine en esta charla exclusiva FPP en la que reflexiona sobre la crisis del sistema de pensiones en Chile y la necesidad de reformarlo.

Bernardo Fontaine es Economista y líder del movimiento Reforma la Reforma.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Josep Pla y la cuestión racial

miércoles, diciembre 04, 2019 0
Josep Pla y la cuestión racial

Transcribo aquí parte de las respuestas de Josep Pla a una entrevista que le hicieron después de viajar a Nueva York, allá por 1954. Está recogida en la edición de las obras completas. Desconozco el nombre del periodista.
Pla dice aquí un par de cosas sorprendentes, poco del tiempo. Hubiera sido divertido leerla durante la campaña americana del 2016, pero es preferible no llamar mucho la atención (salvo que sea inevitable).
No se lee demasiado a Pla, ni a nadie, pero los que lo leen (un poco oficialmente), presentan un Pla quizás desfigurado, cuinat, una miqueta cuit.
Pido perdón por mi apresurada y pobre traducción. El periodista le pregunta por el problema racial en Estados Unidos (“el problema dels negres”) y el autor responde como sigue:

“En Estados Unidos, y en Nueva York concretamente, los blancos están en su lugar y los negros en el suyo. Son pueblos que viven separados. No se puede negar que la convivencia, siendo puramente externa, es difícil. En todo caso, esta convivencia o su fracaso se resuelve en anécdotas personales, a veces dramáticas, es decir, en cosas que pasan en la vida. A veces un negro se proyecta sobre una mujer rubia. A veces unos blancos matan a un negro. Yo no estoy dispuesto a proyectar sobre estos hechos la menor consideración sentimental y menos a deducir consecuencias de carácter general. Son cosas de la naturaleza humana, males de la bestia. Las personas que se rasgan las vestiduras frente a estos hechos suelen ser las mismas que en la época de Hitler aceptaban como la cosa más natural del mundo el exterminio de los judíos en el campo de concentración y las que ahora justifican los ignominiosos campos soviéticos de trabajo. Por el hecho de que a veces se produzca una catástrofe ferroviaria espantosa los ferrocarriles no son un problema insoluble -en los países donde viajar en ferrocarril ofrece una seguridad mínima, se entiende. De manera, pues, que el problema de los negros se ha de plantear de otra manera, si se trata, entendámonos, de hacerlo objetivamente inteligible. Mientras los negros estén en su lugar y los blancos en el suyo, perfectamente separados y diferentes, usted puede esperar sentado a ver la producción de la catástrofe que el problema negro, según los profetas, ha de provocar. El problema se podría comenzar a producir el día que los blancos tuviesen la veleidad de mezclarse con los negros, de romper la separación, sobre todo el día que mezclasen su sangre, como en tantos países de América ha pasado. Mientras haya separación, se producirán pequeñas anécdotas insignificantes. El problema podría comenzar el día que comenzase el mestizaje. La gran tragedia de América Latina es el mestizaje. Por fortuna, esta posibilidad, de tan remota, es a los Estados Unidos absolutamente impensable. No olvide que Nueva York es una ciudad formada por emigrantes del Norte de Europa -holandeses, ingleses, irlandeses, escandinavos, judíos, centroeuropeos-, es decir, por personas que están dispuestas a darle a los negros toda la consideración que merezcan y que en cada caso crean pertinente, pero que jamás se mezclarán. Unos Estados Unidos y un Canadá poblados por mulatos son, por fortuna, inimaginables (…) En Estados Unidos tienen un campo muy provechoso de experiencia racial en el área vastísima de la América denominada latina. Los resultados de esta experiencia, el mestizaje, el mulataje, el criollismo, las mezclas de negros y chinos son perfectamente conocidas y tienen una fuerza normativa incuestionable (…)
Los Estados Unidos no han hecho nunca una política antinegra, han hecho una política de separación, que es muy diferente. Han usado una tendencia contraria al mestizaje que su población blanca ha exigido. Dada la composición humana de los Estados, dirigidos y manipulados por hombres del norte de Europa, muchos de ellos europeos cien por cien, no es fácil que cometan los errores que algunos pueblos de Europa han cometido en América”.

Fuente: elmanifiesto.com

lunes, 2 de diciembre de 2019

El rol de la libertad en el progreso humano | Gonzalo Sanhueza

lunes, diciembre 02, 2019 0
El rol de la libertad en el progreso humano | Gonzalo Sanhueza

El economista Gonzalo Sanhueza explica por qué la libertad tiene un rol fundamental para el progreso humano.

Gonzalo Sanhueza es Senior Fellow FPP y economista de la Universidad de Chile, Master y Ph.D en Economía de la Universidad de California. Economista Senior FPP. Consultor del Banco Interamericano de Desarrollo y del Fondo Monetario Internacional. En 2016 fue distinguido por Focus Economics con el Premio Best Current Account Forecasters - Chile por lo acertada de sus proyecciones en materia de cuenta corriente.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Facebook, el auténtico Estado policial

viernes, noviembre 29, 2019 0
Facebook, el auténtico Estado policial

La red social Facebook pretende definir lo que está autorizado y lo que está prohibido en los contenidos difundidos por sus usuarios. Esta ambición digna de un Estado opresor justifica una censura ideológica contraria a las libertades fundamentales.

Filtración de datos sensibles, lucha contra el terrorismo, censura de contenidos políticos: no faltan las quejas contra Facebook. En el corazón de una tempestad jurídico-mediática, la red social con unos 2 400 millones de usuarios, ha alienado a una parte de su audiencia. En situación delicada, a pesar del éxito de su gama de productos móviles, Facebook ya no tiene elección: tranquilizar o morir. Los reiterados llamamientos de algunos Estados a una mayor regulación, so pena de desmantelar al grupo, amenazan, pura y simplemente su supervivencia.

Demasiado tentacular para pasar desapercibida bajo los reguladores nacionales, pero no (todavía) lo suficientemente poderosa como para hacerlo sin el consentimiento de la sociedad civil y de los poderes públicos, la empresa de Mark Zuckerberg ha dado un giro. Aun cambiando radicalmente de filosofía. A la opacidad y la arrogancia características de su primera década de expansión, le sucede la era del voluntarismo y de la transparencia en todos los niveles. Así, la contratación del antiguo viceprimer ministro británico, Nick Clegg, es reveladora de esta nueva táctica. Nombrado director de asuntos públicos, el exdirigente demócrata-liberal sigue una agenda con un doble objetivo: tranquilizar y convencer.

Entre los planes de Facebook, el proyecto de moneda virtual mundial (bautizada como Libra) eleva simbólicamente a la red a la altura de los Estados. Ciertamente, el grupo no dispone del derecho a ejercer la violencia legítima. Pero ejerce un poder regaliano: controlando la emisión y la difusión de información, crea el derecho. Sin poseer ni las competencias ni la legitimidad para ejercer ese poder soberano. 

En los últimos años, el gigante de las redes sociales ha sido acusado de censura por parte de individuos y grupos de horizontes políticos muy diversos que publican en sus páginas. Las últimas víctimas hasta la fecha han sido cuentas de la ultraizquierda, cuyo verano de 2019 fue particularmente sangrante. Al menos cuatro páginas vinculadas al movimiento fueron desindexadas y sus audiencias cayeron brutalmente tras el período estival. Entre las cuentas afectadas, la del CAME, colectivo de estudiantes de tendencia “no border” de la universidad de Mirail, en Toulouse. En una publicación de agosto sobre su página de Facebook, el colectivo explicaba que el fenómeno se desencadenó por la contracumbre del G7. El hecho de haber compartido un artículo relativo al descubrimiento de un policía infiltrado en los movimientos contestatarios habría provocado la sanción. “A continuación de este post, comprobamos que nuestras publicaciones ya no llegaban a mucha gente”, explica Léon, miembro del CAME. “Nos preguntamos se Facebook no ha utilizado la nueva ley sobre las fake news para desindexar nuestra página y las de otros colectivos, cuando las informaciones que publicamos son ciertamente militantes y comprometidas, pero siempre verificadas”. Cuando se le solicitaron más detalles, Facebook indicó que sólo los administradores de las páginas afectadas tienen derecho, en un plazo desconocido, a una explicación.

Después de las elecciones presidenciales americanas de 2016 y el caso de Cambridge Analytica ‒filtración de datos organizada a favor de diferentes grupos políticos pro-Brexit y pro-Trump, Facebook ha pagado un alto precio por sus derivas. El escándalo provocó una multa récord de 5.000 millones de dólares impuesta por la policía del consumo (Federal Trade Commission). Se trataba, pues, de tomar el control. Supresión de páginas, minimización de la viralidad de ciertos contenidos, desindexación o simple llamada al orden: la red social cuenta con un arsenal de sanciones que despliega en función de la gravedad de la infracción cometida respecto a sus sacrosantas reglas ‒los famosos “estándares” de la comunidad, especie de reglamento interior hecho público en 2015. Este reglamento describe en el menú el tipo de publicación prohibida por la plataforma.

Esta moderación a posteriori se añade a un enfoque más proactivo que consiste en identificar a grupos que ejercen estrategias de influencia sobre el sitio mediante falsas informaciones, todo ello pilotado bajo la mano de potencias estatales. Facebook suprimió así, a principios de año, casi quinientas cuentas supuestamente “coordinadas desde Rusia y vinculadas a los empleados de la agencia de prensa Sputnik”, cuentas sospechosas de compartir “sentimientos anti-OTAN” y favorables a las “protestas”, según Nathaniel Gleicher, director de ciberseguridad de Facebook. A pesar de los gritos de las víctimas de la purga, la red social justificó esta decisión por la voluntad manifiesta de los administradores de ocultar la identidad real del responsable de dar las órdenes, contraviniendo el reglamento interno, que tiene la apariencia de un auténtico código penal digital.

Para contrarrestar las crecientes acusaciones de censura arbitraria, Facebook se lanzó, desde 2016, a un gran ejercicio de transparencia sobre los medios que utiliza para regular los contenidos. La red reivindica, sin sorpresa, el uso de un dispositivo híbrido compuesto de algoritmos, de detección y señalamiento de sus usuarios, pasando a la cultura de la delación como elemento cardinal de su política de seguridad. Una vez identificados, los contenidos problemáticos son tratados a través de una cadena de moderación humana proporcionada principalmente por subcontratistas. Algunos de estos centros externalizados incluyen también a algunos periodistas, invitados a constatar los con su esfuerzo y consentimiento el “formidable desafío” de una moderación a tal escala ―los mismos periodistas que no dejaron de señalar la extrema rudeza de las condiciones de trabajo de estos “asalariados del clic”, cuya tarea consiste en clasificar la basura de la red por tan solo 15 dólares la hora.

En la misma línea, Facebook publicó en 2018, con mucha publicidad, una versión ampliada de sus "estándares", que clarifican un cierto número de conceptos claves y proporcionan ejemplos explícitos de contenidos no admitidos sobre la plataforma.

Sin duda es bueno que los internautas conozcan las reglas y las restricciones a las que son sometidas sus publicaciones. Sin embargo, el problema fundamental de la concentración de poderes continúa sin resolverse. En efecto, como señala el excelente informe de la misión de regulación de las redes sociales presentado por la autoridad estatal encargada de lo digital, todos los actores que ofrecen un servicio de red social desempeñan los roles simultáneamente: “Dictan sus condiciones generales de utilización, deciden en qué medida les vinculan, las modifican según sus necesidades sin ningún procedimiento público, aseguran la interpretación en primera y única instancia, rinden cuentas de su establecimiento en la forma y con la periodicidad que les parecen oportunas”. Esto pone en perspectiva el alcance de los recientes anuncios y sugiere que una transparencia maravillosa deriva simplemente de la comunicación. La intensificación de los medios o la introducción de nuevos dispositivos, especialmente la posibilidad de recurrir a una sanción, no cambian nada el asunto. Peor aún, este debate permanente en torno a los recursos comprometidos por la plataforma actúa como una pantalla de humo que ratifica el muy discutible principio de una regulación en vacío.

Este sistema se aplica instantáneamente a miles de millones de usuarios y suscita muchas reservas: “Es indispensable prever un justo equilibrio entre el recurso a los mecanismos judiciales, a la regulación y a la autorregulación, todo apoyándose en las aportaciones de la misión de regulación de las redes sociales para reflexionar sobre las nuevas formas de regulación”, estima el Consejo nacional digital. Antes de despejar la clave precisando que “la apreciación del carácter de insulto o de odio de un discurso o de una publicación puede, en ocasiones, en función del contexto, ser fuente de dificultades. Esta función pertenecía tradicionalmente al juez, que ofrece todas las garantías de competencia y de imparcialidad para pronunciarse sobre el carácter ilícito de un contenido”. Una púdica manera de recusar la privatización de las misiones de regulación históricamente desempeñadas por el Estado.

No faltan, por supuesto, iniciativas para contrarrestar este tipo de acusaciones. Recientemente, Facebook lanzaba la idea de un comité independiente de supervisión para decidir los casos de moderación más conflictivos y litigiosos. Una idea, ciertamente encomiable que, sin embargo, se ve obstaculizada por el modo de funcionamiento casi estaliniano de este seudotribunal supremo. “Facebook se compromete a que este consejo tome decisiones “obligatorias” sobre cada contenido examinado, pero sólo haciendo recomendaciones sin cambiar las reglas. La empresa no abandona su responsabilidad”, afirmaba Nick Clegg al periódico Le Monde. Dicho de otra forma, cualquiera que sea el grado de eficacia o de legitimidad de este “invento”, la empresa continuará controlando el sistema.

Este proyecto puede considerarse como una maniobra preventiva destinada a limitar el riesgo de intervención coercitiva de los poderes públicos. Pero la creación de esta nueva instancia legitimaría, de hecho, el principio de una justicia privada contra la cuan la justicia nada podría hacer. Tal esquema de gobernanza implicaría, en efecto, una delegación de poderes casi total a las plataformas en el dominio de la regulación de los contenidos, socavando todavía más el monopolio estatal en sus funciones soberanas.

Aunque este modelo de justicia privada no es nuevo, el éxito de las grandes plataformas digitales se basa, precisamente, en la gestión internalizada de los litigios, que suscita un cierto sentimiento de suspense en una parte de la opinión. Este se traduce en una respuesta esquizofrénica por parte de las autoridades que, aun criticando las GAFAM, siguen delegando sus responsabilidades. El movimiento se lanzó en 2004 con la transposición de la directiva europea sobre comercio electrónico. Se contempla un dispositivo que convierte a los anfitriones y a los proveedores de servicios de acceso de internet en los jueces de primera instancia del carácter ilícito de los contenidos.

Estos sitios, en efecto, deben “disponer de un mecanismo de fácil acceso para señalar dichos contenidos, informar a las autoridades públicas de sus alertas y hacer públicos los medios dedicados a la prevención de su difusión”, siendo punibles penalmente los incumplimientos de este conjunto de obligaciones. Un marco legal que hasta ahora se limitada únicamente a los contenidos constitutivos de infracción (apología de crímenes contra la humanidad, incitación al terrorismo, incitación al odio racial…). Las recientes evoluciones legales extienden el dominio de las prohibiciones y refuerzan sensiblemente la responsabilidad de los actores. En Francia, por ejemplo, se aprobó la ley Avia, que contempla un estatuto específico de “operadores de plataformas en línea” (redes sociales y motores de búsqueda), las cuales disponen de un plazo de 24 horas para pronunciarse sobre el carácter manifiestamente injurioso u odioso de un contenido y tomar las medidas necesarias, so pena de severas sanciones pecuniarias.

Fabienne Colboc precisa que “el sistema propuesto, que sólo se refiere a los contenidos claramente ilícitos (y no a los contenidos grises, sujetos a interpretación), permitirá posteriormente, o bien que el autor del contenido recurra a los tribunales si considera que su publicación se ha retirado indebidamente, o bien que se inicien acciones judiciales contra la plataforma si no ha eliminado un contenido manifiestamente detestablemente odioso. Por lo tanto, será siempre el juez, independiente y garante de la protección de las libertades individuales, el competente para juzgar sobre la licitud de los contenidos y la posible represión de sus autores. En ningún caso se pedirá a las plataformas que cumplan la función del juez”. Por el contrario, hay razones para creer que la combinación de un plazo extremadamente corto, el riesgo de sanciones y el posible daño en términos de reputación, animará a los sitios a actuar con cautela en cuanto a la eliminación masiva, y casi preventiva, de los contenidos sujetos a interpretación. Pero, una vez más, el papel del juez, en primera instancia, intenta transferirse a los actores de internet.

La explosión del volumen de los litigios a tratar, el hacinamiento de los tribunales, la plétora de recursos de las plataformas: es comprensible que los Estados estén deseosos de transferir una parte de su poder de policía digital aun a riesgo de avanzar siempre más hacia una “delegación se soberanía”, por retomar la expresión de Gilles Babinet, consejero del Instituto Montaigne. Para este experto, otra regulación es posible: “Contrariamente a lo que se oye, la autorregulación no es una fatalidad. Se podría imaginar una supervisión directa de los equipos de moderación por los jueces de los países afectados, cuyo coste sería íntegramente soportado por las plataformas, las cuales se verían así obligadas a asumir su lógica de desarrollo a todos los niveles. Un modelo de “ciberjusticia estatal”, por otra parte, comienza a vislumbrarse en algunos países. Facebook, por citar sólo esta red, tiene además todo el interés en adoptar este tipo de enfoque, ya que el riesgo de desmantelamiento nunca ha sido tan alto como en la actualidad.

El tiempo de la benevolencia ―incluso de la ingenuidad― hacia la “Big Tech” ha terminado, igual que los individuos parecen haber tomado conciencia colectiva de la amenaza encarnada por los actores privados omnipotentes cuyas veleidades políticas traducen un profundo cambio de naturaleza. Conforme a la ideología libertariana de Silicon Valley, que ve en el Estado centralizador al enemigo a batir, la obsesión del hipercrecimiento ha dejado paso a la incesante búsqueda de la autonomía. Algunos incluso sueñan con liberarse de cualquier limitación del legislador. El caso de Facebook es emblemático: en apenas quince años, la adulada joven empresa se ha convertido en una empresa tentacular en plena expansión, multiplicando las iniciativas regalianas y soberanas en un movimiento que, en última instancia, se parece a una tentativa de uberización de la política. El hecho de avanzar a cara descubierta no tranquiliza a la mayoría de la gente y demuestra, por el contrario, la habilidad táctica de un mastodonte que no quiere antagonizar con el adversario.

La buena noticia es que los legisladores occidentales, lejos de ser engañados, parecen decididos a actuar, como lo testimonian las recientes tomas de posición contra el proyecto Libra. Abrumados por las pretensiones de un actor privado que produce el derecho y se muestra dispuesto a emitir moneda, los Estados organizan la respuesta y pueden contar con un gran activo: el retorno de la opinión pública. Queda por saber si todavía tienen los medios para controlar al monstruo que han contribuido a crear.

Fuente: elmanifiesto.com

martes, 26 de noviembre de 2019

Si es usted heterosexual, hágaselo ver Por Candela Sande

martes, noviembre 26, 2019 0
Si es usted heterosexual, hágaselo ver Por Candela Sande

Empieza a no hacer gracia. Empieza a asustar esto de 'El País' que, naturalmente, es lo de 'Le Monde', es lo de 'The New York Times', es lo de nuestras élites. Si la heterosexualidad es un problema, si la heterosexualidad es algo que contemplar con el ceño fruncido y mirada censora, apaga y vámonos.

Imagino que no les habrá pasado nunca y la verdad es que no se lo deseo a mi peor enemigo, porque es una experiencia terrorífica. Me refiero a ese momente en que una está tranquilamente charlando con un personaje al que cree meramente excéntrico y, en un momento concreto, por un único comentario que hace con absoluta seriedad, una se da cuenta súbitamente que está hablando con un orate, un loco de remate.

Que los ‘maestros de pensar’ -como dicen los franceses- que nos ha tocado en desgracia a nuestra civilización actual exponen a cada paso un disparate mayor que el anterior y que proponen medidas socialmente suicidas es casi la razón de ser de mis columnas; pero, como en todo, faltaba el momento definitivo, la frase que te indica sin posible interpretación benigna que estás ante un candidato a camisa de fuerza y celda acolchada.

Me refiero a abrir al que se llama a sí mismo ‘diario de referencia’, El País, que por lo que sé sigue siendo el más vendido de España, y toparme con este titular: ‘La heterosexualidad es peligrosa‘. Y ya, cerremos esto, que no da más de sí.

No, no es de broma, lo dice completamente en serio. La heterosexualidad es peligrosa. Y punto

En España, cualquier periodista que titulara ‘La homosexualidad es peligrosa’ no volvería a trabajar en ninguno de los grandes medios en su vida, y en muy pocos de los pequeños. Un líder político, un empresario, un artista, un académico que pronunciara la frase “la homosexualidad es peligrosa” podría decir adiós para siempre jamás a su carrera, y tendría todas las papeletas para sufrir acosos y escraches. Un particular que colgara en una red social la frase “la homosexualidad es peligrosa”, salvo que tuviera menos seguidores que un mitin de Ciudadanos, vería muy probablemente cerrada su cuenta in aeternum.

Y, sin embargo, la proporción de homosexuales en casi cualquier sociedad no supera, de media, el 3% o 4%. Y, sin embargo, una sociedad podría sobrevivir y crecer y prosperar sin homosexuales, pero no podría hacerlo sin heterosexuales. No digo que no haya habido homosexuales que, por cuestiones quizá de presión social haya tenido hijos del modo natural, pero es raro, mucho más cuando ya no existen esas presiones, sino más bien todo el aliento del mundo para salir del armario. Lo que significa que todos somos hijos de heterosexuales, presumiblemente, también el autor de la tribuna.

La idea es tan suicida, tan inconcebiblemente estúpida, que decidí darle una oportunidad a la tribuna, dando por hecho que el autor había querido ser provocador en el titular para atraer lectores, pero que en el texto se contaría otra cosa, algo menos irracional. Pero no, no es de broma, lo dice completamente en serio. La heterosexualidad es peligrosa. Y punto.

La excusa en esta ocasión es esa fiebre electoralista de la violencia de género. La llamo así no porque sea insensible al destino horrible de las mujeres que la sufren, sino porque España está entre los países bendecidos con una menor tasa de violencia contra las mujeres -es decir, es lo contrario de una ‘emergencia’- y, sobre todo, porque no se hace el menor esfuerzo por conocer las causas reales y ponerle remedio, sino que se utiliza indecentemente para pescar votos y cambiar la sociedad. Dice el autor: “Los asesinatos de mujeres en el ámbito doméstico se producen dentro del marco de ese tipo de relación. El dato no se menciona cuando se habla de feminicidio, pero es quizás políticamente el más importante”.

Comencemos por decir que eso es falso. En estas mismas páginas ya nos hicimos eco del grave problema, denunciado en publicaciones impecablemente gays, de la violencia de pareja entre homosexuales, que sufren doblemente porque nadie quiere tocar su caso ni con un palo. Si hay muchos más casos en parejas heterosexuales es, además, porque hay muchísimas más parejas heterosexuales. Es la norma y lo otro es la excepción, nos pongamos como nos pongamos. Pero eso es lo de menos. Lo de más es ese aborrecimiento imposible a la norma, a la normalidad, a la vida.

Empieza a no hacer gracia. Empieza a asustar esto de El País que, naturalmente, es lo de Le Monde, es lo de The New York Times, es lo de nuestras élites. Porque significa, directamente, que estamos en manos de dementes que pueden hacer un daño espantoso a estas y a las generaciones futuras y que, de hecho, lo están haciendo.

Porque si la heterosexualidad es peligrosa, entonces vivir es peligroso. Si la heterosexualidad es un problema, si la heterosexualidad es algo que contemplar con el ceño fruncido y mirada censora, apaga y vámonos, literalmente. Y es entonces cuando una conecta los puntos y entiende todo, entiende hasta qué punto es antivida el pensamiento único. ¿Cuántos artículos han leído o visto de pasada sobre lo malo que es tener hijos? En algún caso alegarán a que es negativo para la salud mental de los padres; en otros, a que contribuye al cambio climático, o que es una ruina o que nos estropea la diversión como, al parecer, la última generación en Occidente.

Fuente: actuall.com

sábado, 23 de noviembre de 2019

Cómo mejorar el nivel de vida por Manuel F Ayau

sábado, noviembre 23, 2019 0
Cómo mejorar el nivel de vida por Manuel F Ayau

viernes, 22 de noviembre de 2019

La juventud de derechas, el gran cambio respecto al liberalismo

viernes, noviembre 22, 2019 0
La juventud de derechas, el gran cambio respecto al liberalismo

La hegemonía de la izquierda en la juventud ha terminado. La derecha intelectual ya no se rasga las vestiduras e, incluso, conquista los platós televisivos. Pero esta mejora se debe, ante todo, a la crisis de nuestra sociedad multicultural, más que al trabajo ideológico conducido por algunas jóvenes plumas del conservadurismo a veces más dogmático.

Antes, el mundo era más sencillo: los jóvenes votaban a la izquierda, militaban en la izquierda, pensaban como la izquierda. Moralmente desacreditado, el campo conservador se arrodilló ante una izquierda que se adjudicaba el monopolio de la verdad. Sartre podía excitar el odio de clase acusando erróneamente de asesinato a un notario, Mitterrand podía superar el entendimiento prometiendo salir del capitalismo en cien días, SOS-Racismo podía “fascistizar” a cualquiera que cuestionase la sociedad multicultural.

Pero, he aquí que después de un largo eclipse, algunos francotiradores conservadores cruzan la línea trazada por sus antecesores y franquean las puertas de los medios. Zemmour y Buisson abrieron el camino, Mathieu Bock-Côté, Eugénie Bastié, François-Xavier Bellamy, aparecen en las televisiones, revistas como Éléments salen de la marginalidad, se fundan instituciones católicas de formación, identitarios, liberal-conservadores, o un poco de todos al mismo tiempo. Todo es impulsado por la nueva misión metapolítica ―ganar la batalla de las ideas― que se asigna la joven guardia conservadora, cuya coqueluche preferida se llama Marion Maréchal, y las bases dudan entre un voto a Los Republicanos o a la Reagrupación Nacional.

Por fluctuantes que sean sus contornos, sigue siendo un movimiento de fondo, el que el brillante treintañero Alexandre de Vitry, señala en su librito Bajo el pavés, la derecha: la joven derecha conservadora ya no tiene miedo de afirmarse como tal, de dotarse de una ideología y de repensar su relación con el liberalismo. No es la primera vez que surge un joven de derechas reivindicando, alto y claro, esta etiqueta. El 30 de mayo de 1968, los jóvenes gaullistas salieron del bosque para apoyar al General contra la chienlit (mascarada anárquica) de lanzadores de adoquines. Inscribiéndose en esta línea, los jóvenes sarkozystas de principios de los años 2000 asumieron una relación desacomplejada con el dinero y el éxito social que les distinguían de los caciques chiraquianos. Algunos años más tarde, impulsado por la ofensiva societal de Hollande, una generación de jóvenes católicos conservadores se alzó contra “el matrimonio para todos”. Esta última ola invirtió el campo del dominio de las ideas y levantó un proyecto político de transformación de la sociedad.

Para Alexandre de Vitry, aquí es donde radica el problema: la derecha traiciona su naturaleza pragmática a fuerza de golpear el pavés y forjar una ideología coherente, segura de sí misma y dominadora. Esta búsqueda de la Grand Soir conservadora ignora toda la complejidad de lo real, las invariantes de la naturaleza humana y el peso del mundo. Aquí entra en juego la literatura, que recuerda al hombre su deber de humildad. Al pretender hacer tabla rasa de la realidad que le desagrada (libertad sexual, homoparentalidad, aborto…), una cierta derecha sobreideologizada se une a los erráticos demiurgos de una izquierda cuya idea de ruptura le obsesiona desde la Revolución francesa.

Hablemos claro. Si su paradójica defensa del derecho a la contradicción y su crítica del pavlovismo antiliberal fueran el efecto de una burbuja de aire, la requisitoria ad hominem que hace Vitry a veces roza el antifascismo policial, al que una cierta izquierda está tan apegada. Pero todo pecado tiene misericordia.

Esta juventud intelectual hostil a las consignas de 1968 no ha surgido con el “macronismo”. En la opinión pública, esa ola generacional ya era reconocible. “La juventud es la imagen de la sociedad francesa: muy dividida y diversa”. El 25% de los jóvenes votaron a Mélenchon (Los Insumisos), pero toda una franja de gente que vive en el mismo plano en el seno de la sociedad multicultural está a la espera de los valores de orden”, indica el politólogo Jérôme Fourquet. En la opinión generalizada, en la derecha, la inseguridad cultural engendrada por una inmigración masiva e inasimilada explica, a la vez, la importancia del voto a la Reagrupación Nacional y el repliegue identitario de muchos católicos, cada vez más opuestos al Papa Francisco. Aunque disguste a los antirracistas profesionales, muchos jóvenes adversarios del multiculturalismo, partidarios de una inmigración limitada, cuando no de la remigración, tienen orígenes extranjeros exóticos, franceses de diversas procedencias, desconcertando al bando contrario, como el abogado libertario Nicolas Gardères: "La auténtica renovación de la derecha no está en las ideas, sino en la encarnación. Su discurso alcanza cada vez más el campo político-mediático, encarnado por mujeres, como las portavoces de la Manif pour tous, los homosexuales, como Philippot, u hombres pertenecientes a minorías religiosas, como Zemmour”.

Visto desde la izquierda, el itinerario de Edouard Chanot, periodista y columnista del canal ruso Radio Sputnik, parece incomprensible, tanto que desafía las ideas preconcebidas. Este treintañero franco-filipino ha puesto, en el activo de la derecha cultural, dos grandes victorias semánticas, aportadas especialmente en el frente de la lucha contra el islamismo: “La designación del enemigo y el reconocimiento de facto de la Gran Sustitución" (el reemplazo de la población europea por población inmigrante). La expresión, forjada por Renaud Camus, ha florecido en los medios, aunque sea para denunciarla, si bien Chanot prefiere hablar de la Gran Balcanización, persuadido de que nuestra sociedad se está “comunitarizando” a medida que progresan los flujos migratorios. El reconocimiento de esta situación no es completamente imputable, sin duda, a los intelectuales que confirman este diagnóstico habitualmente. “No son las ideas las que dominan el mundo, sino las circunstancias”, dice el destacado alumno del Institut Iliade, fundado tras el suicidio del ensayista neopagano Dominique Venner, una figura de la derecha radical identitaria. Un cursus honorum que resume los giros de su búsqueda de sentido. “Mis amistades con este movimiento siempre han resultado sorprendentes, pero yo he leído mucho al filósofo Léo Strauss, el cual propone el retorno a los Antiguos”, explica Chanot. Y en el mercado identitario, el Institut Iliade, “por la larga memoria europea”, ofrece una formación clave en torno a la tradición, los mitos de la edad de oro y otras expresiones de una identidad carnal resueltamente völkisch.

En la confluencia del movimiento identitario, del antiliberalismo y del conservadurismo, François Bousquet, redactor-jefe de la revista Éléments y gerente de La Nouvelle Librairie, está encantado de ver cómo se mueven las placas intelectuales. “Es difícil negar que hay una renovación intelectual del conservadurismo que beneficia más a la derecha que a la izquierda, que además está afectada por la crisis de la ideología del progreso”, diagnostica. Para convencerse, basta con echar un vistazo a las portadas de Éléments, publicación de la Nouvelle Droite convertida en revista de referencia en la calle: los intelectuales de izquierdas, Onfray, Gauchet, Julliard, Guilluy, ¡se precipitan sobre sus páginas! Sobre un fondo de antiliberalismo, los editoriales de Alain de Benoist redistribuyen las cartas del juego ideológico. Para la filósofa y analista del discurso político e ideológico, Nathalie Krikorian, “hoy asistimos a una forma de descomposición de las ideologías, especialmente en la izquierda. Lo único que ha permitido a la izquierda francesa sobrevivir, en su aberración revolucionaria e igualitaria, es su discurso inmigracionista y diferencialista de los años 80. Pero hoy se enfrenta a la realidad”. Las ideas circulan de tal forma, tanto a un lado como al otro del campo intelectual, que el derecho a la diferencia, popularizado por la Nueva Derecha, ha sido asumido por el antirracismo mitterrandiano. Es en nombre de este derecho que Bousquet reivindica hoy un elogio de la frontera contra el “aumento de la indiferenciación, de sociedades indiferenciadas derivadas de una nivelación universal”.

Sin embargo, esta joven guardia conservadora está lejos de ocupar todo el espacio de la derecha donde esta ola antiliberal está causando extrañamientos. Con Alexandre de Vitry, jóvenes ensayistas se burlan de la Santísima Trinidad del antiprogresismo, formada por Michéa, Guilluy y Orwell. Junto a Benjamin Demeslay, el redactor-jefe de L'Incorrect, Gabriel Robin, se prepara para la publicación de Non du peuple, un ensayo explícitamente dirigido contra el conservadurismo antiliberal. Robin denuncia la nueva moda de pensamiento de las legiones de la Manif pour tous, cuyo gran libro rojo es La causa del pueblo, de Patrick Buisson: “En el imaginario de la derecha francesa de las décadas 2000 y 2010, la Francia periférica ocupa el lugar del Tercer mundo para la izquierda post-68. Para Buisson, la Manif pour tous será, para la Francia de Johnny, lo que los bolcheviques fueron para los condenados de la Tierra, una élite regenerada llevando sobre sus hombros a un pueblo despreciado”. La derecha cuartomundista existe, todo el mundo puede encontrarla en una librería. Para Robin, Buisson fantasea, con brío y estilo, sobre un pueblo con todas las virtudes conservadoras. Igual que, en el flanco izquierdo, Michéa asocia demasiado mecánicamente a la gente ordinaria con la common decency orwelliana. Hace falta haber olvidado a Céline para creer que la pobreza es virtuosa…

Paradójicamente, la joven derecha liberal está cediendo a la vieja tentación maurrasiana de copiar sus modelos ideológicos sobre las expectativas del “país real”. Así, todos los estudios de opinión confirman un aumento de los valores consumistas e individualistas en la juventud, por otra parte mayoritariamente partidaria del matrimonio y la adopción por parte de homosexuales, en las antípodas de la Manif pour tous. En cuanto a la Francia periférica, tan bien descrita por el geógrafo Christophe Guilluy, sus habitantes sueñan menos con una revuelta popular que con un liberalismo temperado y suavizado por las fronteras. “El francés medio asimila el liberalismo por el hecho de pagar menos impuestos, de trabajar más para ganar más, o de crear una empresa sin demasiadas trabas burocráticas. Esta fue, por otra parte, una de las razones del éxito de Nicolas Sarkozy en 2007”, analiza Gabriel Robin. Esto no significa, de ninguna manera, que el pueblo del campo y de los campanarios esté sólo interesada en el dinero. Numerosos franceses periféricos cederían fácilmente ante las sirenas de un “populismo patrimonial” (Dominique Reynié) capaz de preservar su modo de vida.

La brecha entre la Francia concreta y la visión de algunos intelectuales conservadores también puede explicarse, quizás, por un sesgo sociológico. En lo que queda de la Francia católica burguesa, los sesentayochistas, hijos mimados de la democracia y de la revolución sexual, ejercen un derecho de inventario legítimo, pero a veces inconsecuente, sobre nuestra sociedad liberal. Así, “ninguna doctrina es menos comprendida que el liberalismo”, lamenta el filósofo Raphaël Enthoven: “No se trata de la libertad del zorro en el gallinero. No hay nada peor, a los ojos de un liberal, que un individualismo desenfrenado, que se satisface con la guerra de todos contra todos. Un liberalismo bien comprendido implica la igualdad de oportunidades (sin la cual se distorsiona la competencia es falseada) y el respeto por la ley (que es la misma para todos)”, continúa este republicano de izquierdas. Ahí se encuentra una de las claves de la convergencia entre los antiliberales de los dos lados que se expresan en las columnas de Éléments y de Limite. Haciendo fuego indistintamente sobre el liberalismo, el individualismo y el multiculturalismo, estos teóricos resucitan formas sofisticadas de comunitarismo, sea socialista o cristiano. “Unos quieren poner al maestro de escuela en el centro de la villa, otros al cura”, sonríe Gabriel Robin.

Es en este torbellino ideológico donde Emmanuel Macron edificó su victoria en las elecciones presidenciales. Poniendo a la derecha y a la izquierda contra las cuerdas, Júpiter [así es como llama irónicamente una parte de la prensa a Macron] venció a todos aquellos que pensaban que el desafío identitario era inevitable. Los intelectuales conservadores están, pues, todavía lejos de esta observación, sobre la cual Marion Maréchal creó el ISSEP para formar a los cuadros conservadores del mañana. En la universidad, la hegemonía de la izquierda, moribunda y contestada por todas partes, sigue siendo abrumadora. Lucien Rabouille, profesor universitario, señala: “En términos de masa crítica, hemos sido aplastados. Pero hay falanges de sociólogos e historiadores de Los Insumisos”, desde el Cóllege de France al más modesto instituto de provincias. Un poco como Alexandre de Vitry, que estima que la derecha intelectual va por mal camino inyectándose ideología: “Habría que dejar a la izquierda la pretensión de objetividad. No tenemos armas para batirnos en este terreno”. Ciertamente, pero ¿por qué renunciar al combate político cuando tantos desafíos se plantean a nuestra sociedad? Eugénie Bastié intenta mantener unidos los extremos de la cadena. Escritores, ensayistas y políticos podrían ponerse de acuerdo sobre el reconocimiento de “una forma de incompletud, de modestia frente a la historia, de rechazo a la utopía”, que no dispensa del derecho a tener ideas políticas. ¡A los nuevos húsares corresponde lanzar el guante!

Fuente: elmanifiesto.com